Saca mi alma de la cárcel

“Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre;” Salmos 142:7

No podemos alabar a Dios en prisión. No digo que no podamos alabar a Dios con nuestro cuerpo encarcelado (muchos privados de libertad hoy en día lo hacen, gracias a Dios por eso), pero David se está refiriendo al alma, donde viven nuestros pensamientos, sentimientos y voluntad. Si nuestra voluntad está encarcelada, nuestro cuerpo también lo está. Si nuestra mente está aprisionada, también lo estará nuestra vida, porque nuestra vida sigue a nuestros pensamientos y emociones. Por eso Salomón afirmaba: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Proverbios 23:7). Además, podemos estar libres en lo natural, con recursos económicos para viajar y hacer lo que queramos, y todavía tener el alma presa. Una fuerte depresión, un insomnio crónico, la falta de perdón o el resentimiento; una adicción o un temor irracional; pensamientos lascivos, codicia o envidia, todos son prisiones que esclavizan, aunque todo parezca estar bien.

Y tú, ¿eres libre? La Biblia dice que al que el Hijo libertare será verdaderamente libre (Juan 8:36). Pienso que hay dos puntos de vista muy diferentes en cuanto a la libertad. El natural que define libertad como el poder hacer lo que se nos antoja, contrarrestando artificialmente nuestras carencias como, por ejemplo, comprando compañía para mitigar la soledad, usando drogas para sentirse sin límites, o confundiendo pasión con falta de validación. Esa supuesta libertad es controlada por nosotros. Para Jesús, en cambio, la libertad nace cuando permaneciendo en Él, somos libres del pecado y llegamos a conocer la Verdad que nos hace libres (Juan 8:31-32). Los esclavos no entran al Reino, solo los hijos. Con Jesús reconocemos que no somos dioses, sino que solo Él tiene el control, y nuestro gozo y libertad no dependen ya de las circunstancias que confrontamos sino de estar cerca de Él, pegados a Él, como la rama que permanece en la Vid y vive (Juan 15:4-5). Cada ser humano debe decidir por sí mismo si desea procurar la falsa libertad que el mundo nos dibuja, con sus estereotipos de éxito, poder y belleza, donde cada quién hace lo que quiera con su cuerpo, dinero y futuro, o prefiere buscar la libertad que hay solo en Cristo, donde Dios es Señor de todo y nosotros le pertenecemos, pero donde también Él, como Padre, nos pertenece.

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!” Romanos 8:15

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