La mujer que le arrebató un milagro a Jesús

“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.” Mateo 15:22

Jesús pasaba por la región de Tiro y esta mujer, cuya hija estaba gravemente atormentada por un demonio, reconoció al Único que podía salvarla, y no iba a perder la oportunidad. Pero Jesús probaba su carácter, resiliencia y perseverancia. ¿Por qué lo digo? Porque la ignoró totalmente y, si eso fuera poco (que el Mesías te ignore), los discípulos le dijeron al Maestro que la despidiera porque hacía mucho ruido. Es allí donde muchos hubieran dicho: “Este no puede ser el Hijo de Dios porque Él no maltrataría a nadie así. Vámonos de acá.” Pero la situación de la mujer era desesperante y su fe en Jesús estaba intacta. Ella no permitiría que el orgullo mantuviera a su hija sometida bajo el poder de entidades espirituales malignas. Por eso, sin dudar, se le adelantó en el camino que Jesús llevaba, se arrojó a sus pies y le dijo, con respeto, pero con absoluta firmeza: “¡Señor, socórreme!” Jesús sabía que tenía fe en Él, que creía en Él, pero quería retarla (y retarnos a nosotros a través de este ejemplo) a pelear por las bendiciones que Dios nos ha ofrecido. Por eso continuó la línea dura: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.” (Verso 26). Seamos sinceros, ¿qué hubiéramos hecho nosotros? Irnos ofendidos porque nos llamó perros, pero la decisión y convicción de esta increíble mujer superaba cualquier obstáculo: “Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” (Verso 27). En otras palabras, “no necesito todo un pan Señor, una migaja tuya es suficiente…”

¿Estás dispuesto a pelear por aquello que te pertenece? ¿Eres de los que arrebatan las bendiciones o te sientas a compadecerte hasta que te tengan lástima? Jesús dijo que “… el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” (Mateo 11:22). Es decir, que a veces nos sentamos a esperar que Dios nos dé algo que ya nos dio y que el enemigo ha retenido; o a que Dios haga algo que Él está esperando que nosotros hagamos. Esta mujer nos muestra cómo debemos orar y clamar y pelear por aquello que no es negociable. ¿Tienes un familiar enfermo, descarriado o atado a una adicción? ¿Tu matrimonio se desploma o la miseria te está visitando? Levántate y pelea. No descanses hasta que Jesús te diga las mismas palabras:

“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” Mateo 15:28

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