Más compasión y menos religión

“Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra.” Mateo 12:13

Una vez más Jesús estaba siendo acosado por los religiosos que querían encontrar en Él una falta para poder acusarlo. Por eso le traen a un hombre que tiene una mano “seca”, es decir paralizada, y le hacen una pregunta sobre derecho: “¿Es lícito sanar [de acuerdo con la ley de Moisés] en el día de reposo? Ellos opinaban que no lo era y buscaban que Jesús dijera algo inapropiado para ir a chismearle al sumo sacerdote (hoy día hubieran estado todos con los teléfonos grabando al Maestro). Uno de los errores que muchos creyentes cometen es aferrarse a una religión en vez de al Espíritu Santo, perdiendo así toda forma de compasión. A nadie, excepto a Jesús, parecía importarle la gran limitación que el hombre padecía, su situación personal ni como se sentía en ese momento. Tener una enfermedad incurable y ser usado como instrumento de debate, debió haber sido a lo menos, incómodo y probablemente humillante. Pero Jesús siempre nos bendice a todos, aun aquellos que no le buscan (haciendo llover “sobre buenos y malos”), por lo que en medio de la discusión le ordenó al enfermo: “Extiende tu mano.” El hombre obedeciendo, la extendió, y fue inmediatamente sanado. No tengo duda de que, a él, el afectado, si le pareció muy apropiado ser sanado en día de reposo.

En mis años de ministerio he visto una tendencia que todos tenemos de inclinarnos a uno u otro lado de esa balanza. Algunos nuevos creyentes tienden a imaginar un Jesús que los ama tanto (lo cual es cierto) que no importa que sus vidas no cambien y sigan comportándose igual (lo cual no es cierto). Creen en un Dios “alcahuete” que todo lo perdona y tolera. Otros, por su lado, se van al lado opuesto, donde se vuelven jueces de los demás y se convierten en acusadores y legalistas, negando la gracia y el amor de Cristo. Poco a poco comienzan a creer que se trata de ellos, de sus obras y comportamiento, pero Pablo dice claramente “no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:9). Solo dejando a un lado la religión e iniciando personalmente una íntima relación con el Espíritu Santo, podemos balancear lo que Juan llama 1) la gracia (lo inmerecido) y 2) la verdad (la Palabra de Dios). Solo Jesús en nosotros nos da ese balance donde podemos amar a la gente hasta ignorar sus errores, a la vez que les inspiramos un nuevo estándar de vida en Su Palabra:

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” Juan 1:17

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