Las Miradas de Jesús – P4

“Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.” Marcos 10:14

La gente le llevaba sus niños a Jesús, probablemente para que los bendijera y hablara. Jesús se deleitaba con esos pequeños y es probable que les enseñara de una manera amena y no religiosa. El Señor era espontáneo y conocía lo que había en el corazón de cada uno de esos jovencitos. Sin embargo, los discípulos juzgaron que el Maestro, el Rabí, era una persona demasiado importante y ocupada para estar lidiando con infantes (¿Acaso no nos encanta apropiarnos de Jesús?). Pero acá vemos la mirada justiciera de Jesús quien: “Viéndolo… se indignó…” No dice que le pareció inapropiado, sino que se indignó, se enojó, encolerizó, le dio rabia que trataran así a esos pequeños y a sus padres. El Señor está lleno de amor y paciencia, pero no tolera la injusticia. ¿Piensas que Jesús no está indignado con las decenas de miles de abortos practicados anualmente en nuestro planeta, la esclavitud infantil y el tráfico sexual de niños y adolescentes? En otra oportunidad Jesús se encontró con un montón de mercaderes haciendo todo tipo de negocios en el mismo templo donde se suponía que el pueblo estuviera orando. Inmediata y premeditadamente preparó una soga y con la ferocidad de un león, volcó las mesas, abrió las jaulas de aves, derribó las sillas y los sacó a todos (Juan 2:15). Luego aclaró la única razón de su perfectamente apropiada acción: “Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” (Lucas 19:46)

Es tiempo de empezar a mirar como Jesús ve. Su infinito amor lo hace intransigente con la injusticia y eso requiere de mucho coraje. Tenemos a un Dios que es valiente y guerrero, quien ha delegado en la Iglesia la maravillosa responsabilidad de ser la luz del mundo para que éste no caiga en tinieblas, y la sal de la tierra para que el mundo mantenga su sazón y no se pudra. En medio de tanta degradación y decadencia, de tanta codicia y egoísmo, debemos levantarnos a favor del indefenso. Por el otro lado, si eres tú el indefenso, ten la certeza de que Jesús tiene sus ojos puestos en ti y que le indigna lo que te ocurre. Clama a Él, pídele liberación. No eres una víctima. Eres especial y por eso tu asignación es especial. A pesar de todo el dolor, en medio de la frustración y la rabia, Dios está contigo y puede y quiere y va a usar todo ese sufrimiento para traer su Reino para ti y para otros.

“Porque Jehová es justo, y ama la justicia; El hombre recto mirará su rostro.” Salmos 11:7

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