Un Fe Expectante – P4

“Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,” Romanos 4:20

Las Escrituras nos enseñan que Dios nos dio una medida de fe (cada uno dispone de la fe que necesita), y que la fe viene por el oír la Palabra de Dios (oyendo la Verdad vamos borrando las creencias falsas que la mentira nos ha enseñado a creer). Sin embargo, acá Pablo nos da una revelación impresionante de parte de Abraham: ¡Se puede desarrollar la fe! Si, del mismo modo que levantar pesas nos fortalece los músculos o correr fondo fortalece nuestro corazón, podemos también fortalecer la fe. ¿Cómo? “Dando gloria a Dios.” Pero ¿qué significa dar gloria a Dios? Exaltarlo por quien Él es. Alabarlo, adorarlo, glorificarlo junto con darle gracias. ¿Qué sucede en esos momentos? Nuestra atención se aparta del problema y de nuestras limitaciones, y se concentra en el Dios Todopoderoso. Eso nos enfoca en la verdad espiritual que prevalece sobre lo que ven nuestros ojos naturales. Por eso Pablo dice también que andamos por fe y no por vista. La fe se ejercita creyendo lo que Dios dice sobre lo que dicen nuestros instintos y temores. Abraham veía su cuerpo que estaba casi muerto porque tenía 99 años y además su esposa era estéril, sin embargo, no se debilitó en su fe, sino que eligió creer…

No sé cuál promesa estás esperando, si es una promoción, un emprendimiento exitoso, casarte o tener un bebé. O quizás estés anhelando salir de una difícil circunstancia como una enfermedad, una gran deuda o un conflicto relacional. Lo que sí sé es que, si te enfocas en la situación, te puedes desanimar y estancar porque parece insuperable. Si te enfocas en ti mismo, alcanzarás algo, pero solo hasta donde te alcancen tus fuerzas. Pero si te enfocas en Dios, adorándolo, dándole gloria, tu perspectiva cambia, tus problemas se comienzan a ver más pequeños al lado de su grandeza. Tu fe se fortalece. Aunque Dios es invisible, en la oración, adoración y acción de gracias, se hace perceptible. No lo ves, pero como con el viento, ves sus efectos. Cuando glorificas a Dios y sientes su Presencia, tu fe se fortalece porque la mentira que está en la superficie de tu alma comienza a derretirse como la nieve al salir el sol, revelando la luz de la Verdad. De repente comienzas a sentir el respaldo del Altísimo, lo amado que eres, a recordar cómo te ha librado tantas otras veces, y eres fortalecido mientras te sientes:

“plenamente convencido de que Él es también poderoso para hacer todo lo que ha prometido.” Romanos 4:21

1 comentario
  1. dulce aguilar dijo:

    Gracias muy buena leccion.

    Enviado de Samsung Mobile

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