La Raíz de la Murmuración

“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. 2 Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” Números 12:1-2

¡Qué interesante situación! María y Aarón eran hermanos de Moisés y al parecer estaban molestos con él porque tomo para sí una mujer de la región de Kush (cusita o kushita), hoy día norte de Sudán. Es probable que ella fuese de color, pero no sabemos si le criticaban su raza o el hecho de que no era hebrea. Sin embargo, en el verso que le sigue vemos la verdadera razón de la molestia de ambos: “¿No ha hablado Jehová también por nosotros?” Parece que los hermanos estaban molestos porque Moisés era el líder y ellos estaban bajo su mando, según Dios lo estableció. Aunque ambos servían al Señor, pienso que la familiaridad con Moisés los hizo sentirse autorizados a recibir el mismo trato. ¿No te pasa eso a veces? Ves algo en alguien que te produce envidia, celos o frustración, e inconscientemente criticamos otra cosa de esa persona. Se dice que una vez un rey quien admiraba mucho al gran Mozart, lo invitó a tocar a su palacio, pero al llegar éste, hizo burla de los zapatos rojos un tanto excéntricos del genio. Todos rieron y Mozart también, pero luego, a solas, le preguntó qué había sido eso. El rey sabiamente respondió algo que parafraseo cómo: “Nunca te van a perdonar que seas un genio. Siempre te van a criticar. Mejor que lo hagan con tus zapatos que con tu música.”

Por ejemplo, si una mujer a quien le gusta vestir bien ve a otra más exitosa, atractiva o más segura de sí misma, puede decir algo como “que zapatos mas ridículos”, pero es simplemente una manera de proyectar su molestia sin reconocer su sentimiento original: Envidia. Cuando un hombre que está en buenas condiciones físicas se entera de que su empresa promovió a otro al puesto que él quería, puede decir “que gordo se ha puesto fulano”, pero lo que siente es envidia e inseguridad. Simplemente lo dice para sentirse mejor enfocándose en aquello en lo que se siente más seguro: su cuerpo. Parece que eso hacían María y Aarón. Estaban molestos por el estatus de Moisés, pero proyectaban su molestia sobre una excusa: su esposa. Sin embargo, Dios se presentó “encendido en ira” porque murmuraban contra el único profeta que lo veía a Él, a Dios, cara a cara. El castigo no tardó. ¿Le molestaba el color de la mujer? Pues Dios la hizo más blanca a ella…

“Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve;” Números 12:10

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