La Obediencia que Produce Milagros – P2

“Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.» 1 Reyes 17:9

Solo al acabarse el agua del arroyo (verso donde terminamos la semana pasada), Dios le da a Elías su nueva instrucción: “Vete a Sarepta de Sidón.” Pero eso parece más bien un código postal que una dirección. No le dice a qué calle debe dirigirse, o si está en las afueras de la ciudad. Si eso fuera poco, le dice que more allí (sin explicarle cuanto tiempo) y le informa su estrategia: “he dado orden allí a una viuda para que te sustente.” ¿De veras? ¿Una viuda? Las mujeres no trabajaban por lo que las viudas, a menos que tuvieran hijos en edad de trabajar, pasaban muchas penurias, pero solo para hacerlo un poco más complicado, ¡tampoco le da el nombre de la viuda! Sin embargo, Elías parece estar acostumbrado a que Dios le vaya indicando lo que tiene que hacer a medida que es necesario que él lo sepa, no antes. Dios no te quiere enviar de viaje a tu destino, Él quiere acompañarte, y por ello no te dice su plan para los próximos diez años. Él quiere que confíes y dependas de Él. Si todo lo anterior no te convence de lo que digo, te comento que Sidón es tierra pagana, enemiga, la tierra de donde provenía la malvada reina Jezabel.

Entonces, ¿qué hizo Elías? Bueno, lo que siempre hacía con Dios, obedecer: “Entonces él se levantó y se fue a Sarepta.” Este hombre hizo milagros maravillosos y ni siquiera murió, sino que fue tomado por Dios en un torbellino (2 Reyes 2:11). Si eso fuera poco, se le presentó con Moisés a Jesús y a sus tres principales discípulos en el monte de la transfiguración (Mateo 17:3), y seguramente es uno de los dos últimos testigos que vendrán durante la gran tribulación que nos narra el capítulo 11 del libro de Apocalipsis. Sin embargo, la Biblia dice que “era un hombre sujeto a pasiones como las nuestras.” (Santiago 5:17a). ¿Cuál es el mensaje? Dios no busca personas extraordinarias. Dios busca personas ordinarias que le crean y obedezcan, para hacer a través de ellas cosas extraordinarias. Hay poder en obedecer sin chistar. Hay poder en ejercer fe en Dios sabiendo que Él cuida de nosotros y que, si nos manda a hacer algo, Él cubre nuestras necesidades. Hay poder en no afanarnos por el mañana como nos enseñó Jesús: “basta al día su afán.” Hay poder en entender que no podemos controlarlo todo. Que solo Él es Dios, no nosotros. Aprendamos de Elías a orar y a esperar en Dios:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Filipenses 4:6

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