La Obediencia que Produce Milagros – P3

“Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.” 1 Reyes 17:13

Elías llegó a Sarepta siguiendo la instrucción de Dios y en la entrada de la ciudad identificó a la viuda a la que fue enviado. Al llegar, le pide un vaso de agua (no olvidemos que había una fuerte sequía), pero cuando la mujer diligentemente se dirige a buscárselo, le hace otro pedido más retador: “Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano,” a lo que ella le responde básicamente que lo poco de harina y aceite que le quedaba, era para hacer su última comida para ella y su hijito y, después de eso, morir. Uno esperaría que el profeta mostrara un poco de empatía y ofreciera darle algo material, pero en cambio prueba su fe: “hazme a mi primero una pequeña torta cocida bajo de la ceniza … y después (volverás a cocinar) harás para ti y tu hijo” Este parafraseo indica que Elías, cuyo nombre significa Jehová es mi Dios, instruye a la mujer para que le de la prioridad a él, como representante de Dios. Sin embargo, sus primeras palabras trajeron esperanza a la sufrida mujer: “No tengas temor.” Y luego le profetiza con el mismo poder con el que había hecho que dejara de llover: “Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.” (verso 14).

Y esta mujer que pudo haber renegado, haberse quejado, o al menos traerle al profeta lo que pedía con alguna molestia, simplemente obedeció: “Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días.” La profecía venía de parte de Dios lo cual garantizaba su cumplimiento, pero se activó solo cuando ella obedeció. Y en este caso en particular, esa obediencia requería algo que a los ojos naturales parecía injusto: una viuda hambrienta y pobre dándole prioridad a un extraño sobre ella y su pequeño hijo. Además de que el pedido era especial: “debajo de la ceniza.” Pero ese profeta era conocido como el varón de Dios y ella así lo entendió. Comprendió que no se trata de preguntarle a Dios: “¿Qué voy a hacer con todo lo que me falta?” sino más bien “¿Qué vas a hacer Tú con lo poco que tengo?” ¿Qué tenía ella? Un poco de harina y un poco de aceite. ¿Qué pasó al creer la palabra del profeta y obedecerlo? Muy simple. Dios cumplió:

“Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.” 1 Reyes 17:16

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