Jesús Borra Tu Vergüenza – P2

“Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.” Juan 4:17-18

Jesús buscó a esta mujer que la Biblia identifica cómo la Samaritana (ya que era de la región de Samaria, una tierra de no judíos o gentiles), sin embargo, no se menciona su nombre. Cuando ella llegó al pozo de Jacob donde Jesús la esperaba, era pleno mediodía. Nadie iba al pozo a esa hora porque hacía muchísimo calor en esa tierra árida, sino que iban muy temprano en la mañana o al final del día, cuando el sol declinaba y hacía un poco de brisa. Pero esta mujer lo hacía para evadir las miradas acusadoras y los gestos de rechazo de las otras mujeres que iban a esas horas. Podríamos afirmar que su vida romántica era desafortunada, inestable o al menos, complicada. ¿Cinco matrimonios y ahora viviendo en concubinato? Sin embargo, Jesús quería librarla de esa necesidad de ser validada por los hombres y a devolverle su autoestima e identidad. Era hora de que fuese libre de la vergüenza y más aún, de que Él, Jesús, usara a esa mujer rechazada como evangelista y predicadora poderosa en Sicar, su ciudad, y en los alrededores.

Sin embargo, era necesario exponer el pecado. Cuando Jesús le dijo: “llama a tu marido” ella respondió: “no tengo marido”, y no le declaró nada más. Pero Jesús, que conoce los corazones, le completa la confesión (“cinco maridos has tenido…”). Ahora bien, ¿quería Jesús humillarla por mentirle o impresionarla con sus dotes divinos? No lo creo. El punto que Dios quiere mostrarnos acá es que el pecado debe ser confesado delante de Dios. No se trata de humillar ni degradar a nadie por sus errores porque “todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios”, pero las cosas se llaman por su nombre. Llamar bueno a lo malo o callarlo impide nuestra comunicación con el Padre a través de Jesús, quien estableció el puente perfecto a través de su sangre derramada en la Cruz. Una de las artimañas del enemigo para convertir tus errores en poderosas armas en tu contra, es la vergüenza. Que no te permitas ser vulnerable ni te arrepientas de esos errores, sino que te esfuerces por aparentar que todo está bien. Jesús es puro amor, pero eso no le impide llamar las cosas por su nombre. Amorosamente confronta a esta mujer quién debido a la gracia de nuestro Señor, lejos de sentirse juzgada, comienza a evangelizar a todos:

“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?” Juan 4:29

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: