El Padre Nuestro – P3

“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Mateo 6:11

¡Que interesante afirmación! El pan es nuestro. Jesús ya nos lo dio, pero Él lo dosifica por día. Imagina que tu padre terrenal deje un fondo de inversión por una gran suma de dinero, e instruya a la institución de que cada día se retire de ese fondo la porción necesaria para cubrir tus necesidades de ese día. ¿Cómo te sentirías? ¿Tendrías paz financiera? Claro que sí, pues lo mismo ha proveído el Padre. Por eso dice “…de cada día.” Dios cuenta tus días. Solo Él sabe el día y la hora en que tu cuerpo y el mío expirarán. Hasta entonces Él ha creado un fondo para que tus necesidades sean cubiertas. Ahora bien, el pan es simbólico. No se refiere a comer pan todos los días, se refiere a alimento en tu mesa, pero también abrigo y techo, y salud, y paz. Su Palabra también es pan, y Jesús es el Pan de Vida. Cuando pones a Dios primero (como nos enseña esta oración y explicamos en las partes 1 y 2), Él suple tus necesidades. De hecho, solo un poco después, en el verso 33 Jesús afirma: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” El mensaje del Padre Nuestro es el mismo de toda la Biblia: Pon a Dios primero, y todo lo necesario vendrá por añadidura. Si le das su lugar, es decir el primer lugar en tu vida, Él se encargará de todo lo demás.

Sin embargo, recordemos que es una oración donde pedimos por el colectivo. No es el pan mío, es el pan nuestro, de modo que debemos orar porque Dios satisfaga las necesidades de los demás, y a veces lo querrá hacer a través de nosotros. Por eso debemos ser generosos. Quizás cuando recibimos más que suficiente pan para un día, Dios quiere que seamos nosotros los que proveamos a otros. A lo mejor cuando le digo “danos el pan nuestro”, me dice “está bien, acá está el tuyo y esto es para tu hermano, ve y llévale también a él.” Y ese pan incluye la Presencia de Dios, el fruto de su Espíritu en la forma de amor, gozo y paz. Es importante entender que la oración es una manera de estar constantemente conectados a Dios para hacer su voluntad, para traer su Reino, para poder seguirlo. No es algo teórico. No es un ritual, una tradición ni una costumbre. No es una penitencia ni un acto diario o semanal que nos limpia o nos recarga las baterías. La oración es esencial para la vida del cristiano. Es el aire que respiramos, el alimento espiritual que Dios nos da para poder tener la victoria en el mundo natural. Separados de Él, dice Jesús, nada podemos hacer. Gracias por darnos acceso a Ti a través de la oración Señor.

“Orad sin cesar.” 1 Tesalonicenses 5:17

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