Sacrificio de Alabanza

“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.” Hebreos 13:15

El autor de la carta a los hebreos nos invita a ofrecer siempre a Dios sacrificio de alabanza, pero ¿qué es un sacrificio de alabanza? ¿Por qué habría de ser un sacrificio alabar a Dios? La respuesta es simple: alabar a Dios se convierte en sacrificio cuando sinceramente no queremos hacerlo, pero aun así lo hacemos. Cuando nuestras circunstancias parecen ir en la dirección equivocada; cuando parece que nos movemos exactamente en la dirección opuesta adonde queremos, pero exaltamos a Dios en medio de la incertidumbre, estamos haciendo sacrificio de alabanza, porque allí elegimos su Palabra sobre nuestras emociones. Ese sacrificio es un acto poderoso de fe que le dice a Dios: “no entiendo Padre, no me parece justo, me duele, me hiere, me asusta, pero yo sé que Tú eres un buen Dios, que me amas y guardas, y que, de esta circunstancia aparentemente devastadora o destructiva, vas a sacar algo bueno.” Además, le estás diciendo al enemigo: “Diablo, no importa cuán dura sea mi circunstancia, no tienes autoridad sobre mi vida. Dios es mi Defensor. Mayor es Aquel que está en mí que tú. Escrito está que el maligno no me toca y que por un camino vienes contra mí, y por siete caminos huirás de mí. Dios cambiará mi lamento en danza, y en cuanto a ti, hace dos mil años que tú y tus huestes fueron despojados y exhibidos públicamente.”

Por eso continúa: “fruto de labios que confiesan su nombre.” Los labios que en medio de la dificultad lo alaban verbalmente. Es decir que quienes declaran su gloria, su grandeza, su señorío, su poder, su magnanimidad, su justicia, su amor y sabiduría, darán fruto, porque en medio de la tormenta, de la amenaza, de la incertidumbre y aún del miedo, confiesan y alaban su nombre. En otras palabras, la prueba de la fe está en a quien alabas y en lo que le dices cuando te encuentras en medio de una tormenta. Es fácil exaltar el nombre de Dios cuando todo marcha sobre ruedas, cuando nuestros planes y los de Dios parecen avanzar juntos. El sacrificio de alabanza es confesar la fe en nuestro Creador y Salvador cuando todo apunta a que Él no está obrando; cuando parece que no nos está escuchando y que no le importamos. Es allí donde se comprueba lo que crees. ¿De qué está hecha tu fe? ¿De arena o de la roca? Por eso el salmista confiesa sin condiciones:

“Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.” Salmos 145:1

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