“Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.” Marcos 2:4

Jesús predicaba en su casa en Capernaum y “se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta” (verso 2), pero cuatro hombres que le traían cargado a un paralítico y no lograban llegar hasta Él, no se rindieron sino que idearon un método más drástico: abrir un hoyo en el techo de la casa del Maestro y bajar por allí al enfermo, dándonos una hermosa lección de lo que significa una firme intercesión por aquellos que están en necesidad: ellos abrieron los cielos (el techo) para poner en contacto a su amigo enfermo con Aquel en quien habita la Plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9). La respuesta no se hizo esperar: “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” Dios había aceptado su intercesión y atendido su pedido; el paralítico fue perdonado y sanado de una vez, gracias a la fe de los que lo trajeron (aunque le destruyeron a Jesús parte de su casa).

Si quieres conocer verdaderamente el poder de Dios, te invito a comenzar a orar por otros, a interceder por aquellos que no Lo conocen ni Le buscan. ¡Es tan difícil vivir sin esperanza, hay tanta necesidad de Dios y muchos ni siquiera se percatan de ello! Ora por aquellos que te critican, juzgan y maldicen (Mateo 5:44) y, si quieres incrementar tu intimidad con Él, no les cuentes a aquellos por los que oras sino que sea un secreto entre Papá y tú, así estarás también protegido contra toda forma de orgullo espiritual. Solo necesitas persistir y persistir, hasta abrir los techos, hasta que veas el bien de Dios manifestarse, pero esto no debes hacerlo en tus propias fuerzas sino en las del único Dios. Tu trabajo consiste en elevar la necesidad de esa persona hasta Aquel que todo lo puede, y persistir hasta que Él te dé una respuesta. Dios te escuchará y se deleitará en ti. El mundo está tan necesitado de intercesores y son muy pocos los que tienen el corazón correctamente dispuesto:

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.” Ezequiel 22:30

“y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.” Lucas 17:13-14

Los leprosos eran considerados inmundos y por eso portaban campanas para alertar a los demás de su presencia pero, en esta oportunidad, diez de ellos se atrevieron a clamar a Jesús por su sanidad. La respuesta del Maestro fue simple: “Id, mostraos a los sacerdotes.” ¿Por qué? Levítico 14:2 dice “Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote,…” El primer paso cuando un leproso sanaba (“se limpiare”) consistía en visitar al sacerdote, el único que tenía autoridad oficial para confirmar la sanación. Es decir que la única instrucción de Jesús fue que se presentaran ante aquellos que habrían de confirmar su sanidad. Y ellos “mientras iban [a presentarse como si ya estuviesen sanos], fueron limpiados.” Había un gran riesgo en mostrarse aún leprosos a los sacerdotes pero eso no los detuvo; ellos confiaron en Jesús y le obedecieron caminando hacia donde Él les ordenó, y entonces fueron sanados.

En la Biblia vemos que muchas veces los milagros son activados con una acción física: el Jordán se abrió cuando los pies de los sacerdotes tocaron el agua (Josué 3:15); una mujer con crónico flujo de sangre fue sanada cuando “tocó el manto” de Jesús (Marcos 5:29); Gedeón con solo trescientos hombres venció a una multitud al momento de tocar las trompetas (Jueces 7:22), y Pedro, para caminar sobre las aguas, tuvo que descender de la barca (Mateo 14:29). ¿Y qué significa esto para ti? Tal vez sea firmar ese documento de compra, pedirle matrimonio a tu novia, comenzar a buscar a ese bebé, iniciar esa nueva carrera o procurar, con acciones concretas, ese ascenso laboral. Tal vez sea pedir un nuevo diagnóstico o algo mucho más simple, como dominar tu carácter y la acción sea no hablar sino hasta después de pasado el enojo. Debemos orar, debemos creer, debemos declarar y confesar Su Palabra pero también, una vez recibimos Su dirección ¡debemos atrevernos y actuar! Solo entonces muchas cosas que han estado detenidas comenzarán a moverse…

“y tocó su manto… Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.” Marcos 5:27b, 29

“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” Números 14:24

El impacto de “ir en pos de Dios,” de buscarlo, de querer conocerlo, obedecerlo y seguirlo, no termina con tu vida sino que se extiende hasta toda tu descendencia. Todo aquello por lo que te atrevas a soñar, a creer y si, a pelear, será también parte de tu legado para ellos. Si te atreves a entrar en la tierra que Dios te promete, si dejas que Él pelee y te guíe a pelear con tus gigantes, y arrebatas así tus bendiciones: “tu descendencia las tendrá en posesión.” Ellos no tendrán que pelear de nuevo tus batallas; aquello por lo que peleaste y venciste será tuyo, y de ellos. Tú lo recibes de Dios pero ellos lo reciben de ti; así funcionan las bendiciones generacionales bíblicas.

Acá leemos que la descendencia de Caleb recibiría en posesión su parte de la Tierra Prometida (el monte Hebrón, Josué 14:13), pero la clave del verso y de toda la narración es que él obtuvo todo eso por su carácter y fidelidad a Dios, por su espíritu diferente. De hecho, cuando Caleb pidió nuevamente y recibió Hebrón cuarenta años después, aún estaban allí los gigantes. Si quieres bendiciones para ti, para tu familia y tu descendencia, tendrás que pelear, tendrás que atreverte a entrar, para que Dios te meta en esa tierra, a ti y a los tuyos. No basta con desearlo y soñarlo, necesitas tener el espíritu de Caleb para atreverte. Cree y persiste, sueña los sueños de Dios y Él te meterá en Su bendición. ¡Levántate y pelea! Día a día, en todo tiempo porque, después de tu entrada, después de tus batallas y aflicciones, los tuyos entrarán en paz. Esa fue la razón por la cual Caleb, a los ochenta y cinco años de edad esperaba aún el cumplimiento de su promesa, dispuesto a pelear para tomar lo que Dios le había prometido a él y que heredarían sus hijos. Por eso le dijo a Josué quien repartía las tierras a las doce tribus de Israel:

“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.” Josué 14:12

“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” Números 14:24

Como Caleb tenía “otro espíritu” (de valor, de esfuerzo, de perseverancia, soñador) Dios dice que “lo meterá en la tierra donde entró” pero, ¿cómo es eso?, ¿cómo te pueden meter donde ya entraste? Moisés envió a estos doce espías a reconocer la tierra (verso 13:17). La palabra re-conocer significa identificar lo que ya conoces. Si bien Caleb nunca había estado antes en esas tierras, él tenía una promesa y la había meditado, imaginado, soñado y luego, una vez que la vio, tuvo el valor para reclamarla, ¿cómo? Caleb “decidió ir en pos de Dios” y no en pos de si mismo, ni de sus limitaciones ni capacidades.

Parece que los otros diez príncipes habían escuchado el qué de la promesa pero no el cómo, mientras solo Josué y Caleb habían escuchado bien. Dios les había prometido y jurado una tierra que manaba leche y miel (Éxodo 3:8, Levítico 20:24, Deuteronomio 11:9) pero Él nunca dijo que no hubiese adversarios: “…cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel,…” (Éxodo 13:4). Dios te ha prometido y jurado bendiciones pero tú tienes que entrar en la tierra avanzando en pos de Dios. Tienes que reconocer tu sueño y dejar que Él sea quien te meta, solo así podrás vencer todos tus gigantes. A veces queremos esa promoción, ese ministerio, esa pareja, esa casa y, al momento de dar el primer paso, nos asustamos, no entramos. Otras veces, a la primera dificultad, decimos: “esto no es de Dios” pero acá vemos que mientras mayor el sueño, mayor la oposición. Por lo tanto: 1) “Ve en pos de Dios” (sueña), 2) reconoce la tierra (asegúrate que es Su voluntad para ti) y 3) entra, dejándole espacio a Él para que sea Él quien te meta. Tú puedes avanzar pero necesitas tener ese espíritu de Caleb, de Josué, de Jesús; si no te perderás hasta aquello que Dios te juró:

“Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.” Números 14:30

“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” Números 14:24

Caleb, junto a Josué y otros diez príncipes de Israel, había espiado la Tierra Prometida. Al regreso, a pesar de que sus enemigos eran físicamente gigantes, los dos primeros trajeron un reporte lleno de fe y optimismo, diciendo: “no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (verso 9), pero desafortunadamente los otros diez príncipes ya habían hecho “… desfallecer el corazón del pueblo” (Josué 14:8), diciendo que sería imposible. “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!” (Versos 1-2) No es una buena costumbre hablar así porque podemos obtener lo que declaramos…

Dios se agradó de Caleb “por cuanto hubo en él otro espíritu.” La amenaza era grande pero la oportunidad mayor. ¿Qué dejaban atrás? ¿El paraíso? ¡No, la esclavitud! pero el pánico de avanzar les hacía ver como grata la pesadilla de la que Dios los liberaba. Así opera el miedo, nos empuja irracionalmente hacia donde estábamos, fascinados con la ilusión de que no movernos será más seguro que avanzar pero, ¿deja de girar la tierra cuando te encierras en tu cueva? El temor es como el cangrejo y no hay nada más peligroso que caminar en reversa porque nuestros ojos apuntan al frente al igual que nuestros pies. !Fuimos creados para avanzar! Del mismo modo que las piernas son para caminar y los escalones para subirse, nuestras pruebas tienen un único fin: superarse. Y Dios las hace a nuestra medida. Pablo dice que no hemos recibido espíritu de esclavitud para estar en temor (Romanos 8:15) así que necesitamos renovar nuestro espíritu, y que esa mentalidad de Caleb saque de nuestra alma toda atadura de esclavitud y fracaso, de temor y parálisis. Necesitamos creer por más, vivir por más, esforzarnos más; hay salida, hay solución pero solo para quien que osa buscarla.

Efesios 4:23 “y renovaos en el espíritu de vuestra mente.”

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho;…” Isaías 53:11

Luego de describir en detalle los múltiples sufrimientos que siglos después Jesús afrontaría (versos 3-11), el profeta hace un giro inesperado: deja de hablar de los tormentos del Señor y explica la razón de todo: tú, yo y toda la humanidad. Tratemos de captar la profundidad de esto: nosotros creemos que carecemos de valor pero somos la recompensa por la que Él apostó todo; nos sentimos inútiles pero Él no soportó vivir sin nosotros; nos creemos espinos y cardos pero Él nos considera Su fruto; lo imaginamos solemne pero Él nos llama hermanos (Juan 10:17); nos sentimos distantes pero Él nos llama amigos (Juan 15:14); venimos a Él con vergüenza pero Él nos recibe satisfecho. Jesús no es un mártir sino el más grande de los héroes y no te ama por tus aciertos sino por lo que eres, ¡Su mayor creación! ¿Acaso amas a tus hijos solamente cuando se portan bien o te obedecen? ¡Dios tampoco! ¿Esperó Jesús a conocer nuestro comportamiento antes de ir a la Cruz? ¡No! Se entregó mucho antes de que naciéramos. Quitémonos toda falsa identidad porque Él nos dio una nueva y única: la Suya, y nos hizo dignos. Salomón lo dice de otra forma: “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.” (Eclesiastés 9:7).

Jesucristo nos hizo coherederos de Su gracia (Romanos 8:17). Él no solo nos creó sino que luego, al nosotros abandonarlo, nos compró, nos justificó, pagó todo nuestros pasivos y nos devolvió nuestra identidad, nuestro valor intrínseco, real. Tú eres un tesoro especial para Dios (Éxodo 19:5). ¡Que nadie te engañe ni lesione tu autoestima! ¡Nunca más permitas que se distorsione tu auto imagen! Eres hijo del Altísimo. Siempre que algún niño simpatiza con mis hijos, automáticamente me cae bien. En eso nos parecemos a Dios porque Juan dice que “el que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:23). Pues igualmente, cuando tú recibes a Cristo, ¿sabes lo que pasa? ¡El Padre te ve igual que a Jesús! Acércate a Él, recíbele en tu alma, sé tú el fruto de Su aflicción y hazlo estar satisfecho porque:

“hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” Lucas 15:10.

“Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” Mateo 15:27

Esta mujer no creyente nos da una lección sobre cómo clamar a Dios. Su hija estaba “gravemente atormentada por un demonio” (Verso 22) y ella clamaba tan insistentemente a Jesús que los mismos discípulos le dijeron al Maestro: “despídela,” esperando que Él la sanara y ella los dejara en paz, pero Jesús probaba su fe duramente: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. (Verso 24) Pero ella, lejos de desalentarse: “se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!” Y el Señor le dio otra negativa aún más ruda: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.” (Verso 26). ¡Jesús le dijo perra! ¿Qué hubiéramos hecho tú y yo? ¿Ofendernos, decepcionarnos y no regresar jamás? Pero ella no, ella perseveró, ¿por qué?

Primero: No hay clamor más profundo que aquel que se hace por un hijo. Estamos dispuestos a hacer más por ellos que por nosotros mismos, incluyendo el ser humillados o expuestos. Debemos orar siempre con ese mismo clamor porque Dios es quien inspira tus oraciones y cuando oras por ti mismo o por otros, ¡estás orando por Sus hijos! Segundo: Ella tenía la certeza de que Jesús podía sanar a su hija, por eso no cedía. Si tienes dudas, oras menos, pero si crees que Él puede, insistes. Tercero: Jesús era su única opción, todo o nada. Su hija era atormentada por el diablo y ella no sabía como liberarla, pero sabía que Jesús si. Su insistencia provenía de su convicción de que Él podía hacerlo. Y cuando Jesús la llamó “perrilla,” no le importó sino que usó esta dura afirmación como argumento a su favor. Ella quería la sanidad de su hija a toda costa: “pero con una migaja tuya será suficiente.” ¡Increíble! Aprendamos de ella: 1) Clamemos con fervor (como por un hijo), sabiendo que 2) Jesús es el único que lo puede hacer (nadie más), pero 3) sabiendo que para Él no es difícil, es como darnos una migaja de Su pan. No cedas, ¡no sueltes lo que es tuyo! Da resultados:
“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” Mateo 15:28

“Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.” Lucas 1:20

El ángel hizo lo mejor que se puede hacer con un incrédulo: ¡enmudecerlo! ¿Te has fijado cómo cada vez que alguien dice: “tengo malestar” inmediatamente otra persona comienza a lanzar hipótesis sobre la causa? “Claro, es que con este clima, o el polen, las lluvias o ese aire acondicionado…” Y ante un dolor de huesos o alguna dificultad para leer: “los años no pasan en vano, ya no soy el mismo de antes…” Así es como a diario programamos nuestra mente pero, si le asignamos una causa a aquello que nos aflige, la próxima vez que nos encontremos en situación similar, esperaremos la aflicción, ¡y con certeza vendrá! Es la cara opuesta de la fe: el temor. Por eso dijo Job: “… me ha acontecido lo que yo temía” (Job 3:25b) ¡Ojalá el ángel Gabriel nos enmudeciera cada vez que vamos a hablar así! ¿Por qué?

Porque esas palabras son falsas, son argumentos y altiveces que se levantan contra el conocimiento de Dios. (2 Corintios 10:5). Son anti bíblicas porque están en contra de la Verdad. Jesús advirtió: “…lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.” (Mateo 15:18) Lo que te contamina o te limpia, lo que te enferma o te sana, lo que te limita o te ensancha, es lo que crees, y se manifiesta en lo que hablas. Por eso debemos creer y hablar solo la Verdad. Jesucristo calificó al diablo como “mentiroso y el padre de mentira” (Juan 8:44b) de modo que si tú y yo le creemos ¡seremos hijos de sus mentiras! Luego Jesús prosiguió con una frase estremecedora que debe sacudirnos: “Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis.” (Juan 8:45). Somos prontos para creer la mentira y tardos para asimilar la verdad. Urge cambiar porque solo los discípulos de Cristo “conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Juan 8:32). Esto es lo que diferencia al creyente del incrédulo: El primero oye la Verdad, a Cristo; el segundo a la mentira, al diablo. Si deseas reprogramarte debes comenzar por hacerlo tu dueño, solo entonces podrás oírlo:

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.” Juan 8:47

“Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.” Lucas 1:18

El ángel Gabriel trajo maravillosas noticias a Zacarías: a pesar de la esterilidad de Elisabet, su esposa, y la vejez de ambos (verso 7), ella dará a luz un hijo que tendrá un nombre nuevo y diferente: Juan (no Zacarías II). Además le advierte que “será grande delante de Dios” (verso 15) y por si fuera poco, desde ya le asigna una gran misión: “hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos” (verso 16). Zacarías era un líder espiritual; él y su esposa “andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (verso 6), y además él estaba viendo con sus propios ojos la gloria del ángel Gabriel. Sin embargo, su pregunta fue inesperada: “¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada” (verso 18). En otras palabras: “¿cómo es posible que algo así suceda? No es posible ni lógico, no hace sentido…ya somos viejos y estériles, demasiado tarde Señor.” Dos fuerzas opuestas colisionaron: por un lado, la Palabra de Dios, verdadera e irrefutable, y por otro, la mente de Zacarías, demasiado estrecha para concebir dicha verdad.

¿Qué clase de verdad cabe hoy en tu mente? ¿Está saturada con la costumbre y aquello que siempre se ha hecho? O tiene espacio para creer y crecer por cosas mayores… A veces sin percatarnos, limitamos la Verdad para que quepa en nuestra mente (así nace la religión) en vez de ensanchar nuestra fe para abarcarla. Pero, ¿podemos minimizar al gigantesco tren para que pase a través del túnel del parque infantil? No, ¡es necesario derribar el pequeño parque y construir un mayor riel! La gran colisión entre la Verdad y nuestra fe debe pulverizar nuestras fortalezas y paradigmas, en vez de intentar minimizar a Dios. ¿Sabes lo que hizo el ángel cuando oyó a Zacarías negándose a la Verdad? Protegerlo a él y a los demás de sus palabras de incredulidad:

“Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.” Lucas 1:20

“Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.” Mateo 14:29

¿Cómo enseñaste a caminar a ese bebé, en la calzada de una autopista? Y más tarde a nadar, ¿en unas cataratas? Y la bicicleta, ¿le empujaste por esa calle empinada y cerraste tus ojos, esperando oír sonidos metálicos y luego llanto? Claro que no, le hiciste caminar sobre suaves colchas, aprendió a nadar con el agua debajo de la cintura, y corriste mucho a su lado, sujetando su asiento, aún teniendo la bici rueditas adicionales. Te felicito, lo hiciste todo tan hermoso, cuidando cada detalle. Le enseñaste a la vez que le protegiste. Y ¿qué hay de ti? No lo recuerdas pero seguramente hubo alguien que apartaba cada obstáculo hasta que ganaras confianza y a cada pasito, te daba una gran ovación.

Y ahora ¿qué estás aprendiendo? ¿A batallar con un cáncer, a rescatar tu matrimonio, adaptarte a un nuevo ambiente o a recuperar a ese hijo descarriado por quien te sientes tan culpable? Quizás sea a perdonar o dejarte perdonar por Dios. ¿Aprendes a soñar? ¿A caminar sobre las aguas? ¡Pues tú vas a vencer! ¿Cómo? Yendo a Jesús que te dice: “Ven” y obedeciendo como Pedro, de inmediato, a pesar del miedo. La única forma de bajarse de una barca “azotada por las olas” (verso 24) en el medio del mar es saltando, y Pedro lo hizo en la oscuridad de la noche, esperando apoyar sólidamente sus pies ¡sobre la espumosa agua! Pero Él sabía que el Maestro no lo desampararía porque Él es un buen Padre, y ni tú ni yo somos mejores. ¿Crees que Él te entrenaría fuera de Su control? ¡Jamás! Cuando Pedro, luego de haber avanzado varios pasos desvió su vista al fuerte viento, y con miedo comenzó a hundirse (verso 30), el Señor inmediatamente extendió Su mano y lo asió. A pesar de la oscuridad, del frío, de las olas; a pesar de la aparente imposibilidad, Jesús tenía todo bajo control, y cuidaba atentamente la vida de Pedro así como cuida de la tuya. Él no permitirá que te ahogues porque Él lo ha prometido:

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Isaías 43:2

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” 3 Juan 1:2

Bíblicamente nuestra alma incluye: nuestros pensamientos (paradigmas, intelecto), nuestros sentimientos (buenos y malos) y nuestra voluntad (deseos). Si bien, este es el apóstol Juan escribiéndole a su querido discípulo Gayo, es una metáfora del amor de Dios por nosotros. Él quiere que seamos prosperados en todo (no solo en una o dos áreas aisladas) y que tengamos salud, “así como” prospera nuestra alma. Este “así como” significa en la medida de, de la misma manera que o según lo permita, tu alma.

Del mismo modo que un río no puede transportar más agua de la que cabe en su cauce porque si lo hace, se desborda, tú y yo tampoco podemos prosperar más allá de lo que “cabe” en nuestra alma. Si llega más dinero, más éxito o mayor poder de aquel para el que estamos listos (más del que podemos “transportar”), entonces nos desbordamos (en arrogancia, orgullo, desorden, vanagloria, etc.) con todas sus consecuencias. Así como el río nace en las alturas y riega toda la tierra, produciendo vida hasta fundirse con el mar, busca primero en las alturas la Presencia de Dios, Su Palabra para tu vida, Su bendición y complacencia, y entonces ve y riega la tierra, produciendo vida. No pidas más riquezas si lo que quieres hacer es una represa porque, en un estanque sin corriente, el agua se vuelve lodo y se pudre, no sirve para riego y los peces mueren. Pero si quieres prosperidad divina, integral, completa, pídele a Dios que ensanche el cauce de tu alma para que tengan sentido tu vida y todo aquello que de Él recibes. Pídele que te dé madurez para cultivar tu matrimonio, sabiduría para instruir a tus hijos, inteligencia para trabajar con excelencia, liderazgo para guiar tu ministerio, protección para los tuyos, gracia delante de tus superiores y discípulos, mayordomía para administrar tus recursos económicos, cualesquiera que sean y, sobre todas las cosas, pídele más de Su Presencia, más de Su amor en tu vida, más de Su revelación, de Su consejo, de Su amistad; solo así tendrás salud y un alma ensanchada para prosperar y hacer prosperar Su Reino en la tierra.

“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Isaías 55:10-11

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Juan 11: 25-26
La verdadera diferencia entre vivir o morir, para el ser humano, no es respirar o el latir de un corazón sino el creer o no en Jesucristo. Adán y Eva experimentaron la muerte espiritual al escoger separarse del Padre Génesis 3:7. Ambos siguieron viviendo pero se sentían “desnudos” y se escondían de Dios. Nuestra existencia no se divide en vida o muerte, sino en vida ahora y después, o muerte ahora y después, en eso consiste el libre albedrío. El engaño está en creer que puedes escoger muerte ahora y vida después. Si escoges la muerte separándote de Dios, heredarás muerte al marcharte, y si escoges la vida ahora, recibiendo a Cristo, recibirás vida en Él aún después de partir (“aunque esté muerto, vivirá”). Por eso Jesús dijo: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha;…” Juan 6:63.

Si escoges lo natural, lo temporal y terrenal cosechas muerte; si escoges lo espiritual y eterno, cosechas vida. Tú escoges en qué dimensión quieres vivir, ahora y después. Por eso Pablo dice que “las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” 2 Corintios 4:18b. Y la pregunta final del verso inicial: “¿Crees esto?” no es solamente para Marta, cuyo hermano Lázaro había muerto, sino también para ti y para mí. Si escoges la vida dile ahora mismo algo como: “Te prefiero a ti Jesús, ven a morar en mí, ven a reinar en mí. Creo que eres el Hijo de Dios y que en esa cruz pagaste todas mis deudas. Guíame, límpiame, renueva y restaura mi vida, ahora y para siempre.” Cree en Cristo y no morirás eternamente. Jesucristo es la Resurrección y la Vida, y aquel que cree en Él permanecerá. Le verás físicamente muerto pero vivirá. Escoge el bien, escoge vivir, escoge creerle al Hijo de Dios, al Cristo. Respondámosle a Dios como Marta:
“… Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” Juan 11: 27

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” 1 Tesalonicenses 4:13
Nada nos causa más tristeza que no poder compartir con aquellos quienes físicamente se han marchado. Es muy grande el vacío de no poder escuchar, abrazar y besar a aquellos que ya partieron… pero eso no significa que no existan. Que nuestro oído no sea capaz de captar la vibración de un átomo, no significa que no esté sonando, y que no podamos ver las millones de ondas que desde satélites y celulares nos bombardean, no significa que no son reales. Los físicos afirman que “la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma,” ¿será que el espíritu sí? ¿Sabías que muchas estrellas del firmamento ya desaparecieron pero estuvieron tan lejos que aún vemos su luz venir en camino? Dios es mayor que lo que podemos comprender o imaginar pero hemos desarrollado la ilusión casi infantil de limitar nuestra realidad a lo que palpamos y vemos, para así sentirnos menos dependientes, menos vulnerables…

Pablo nos anima a no desalentarnos como los que ignoran a Jesús, porque los creyentes tenemos esperanza. Por eso a los que llamamos muertos, la Biblia los llama durmientes, porque despertarán. Cuando Lázaro murió, Jesús les dijo a sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle” Juan 11:11 y cuando la hija de Jairo falleció, Jesús dijo a la gente: “No lloréis; no está muerta, sino que duerme.” Lucas 8:52 Cuando perdemos a un ser querido, sentimos profunda tristeza y dolor, parece que no nos levantaremos y el duelo es grande. Llora, llora todas tus lágrimas pero no pierdas nunca la esperanza. Llora por su ausencia, porque te hace tanta falta, pero no tengas angustia ni temor porque esa persona tan querida “no está muerte, sino que duerme.”
“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.” 1 Tesalonicenses 4:14

“Pero cierto joven le seguía [a Jesús], cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.” Marcos 14:51-52
Judas traicionó al Maestro y “todos los discípulos, dejándole, huyeron.” (Verso 50). Este joven también le seguía pero, al momento de haber sido capturado por los soldados romanos, se soltó, dejándolos solo con la sábana que lo cubría. “Huyó desnudo” solo unas pocas horas antes de que Pedro lo negara tres veces. Yo no sé qué hiciste tú pero yo hice lo mismo que todos ellos, solo que más de tres veces. Por muchos años huí de Su llamado, lo dejé buscándome con los brazos abiertos, creyéndome astuto, sin darme cuenta de que huía desnudo, dejando mi única cobertura, una sábana, en manos de mis captores…
Sabemos que Judas se suicidó porque no entendió la Gracia de Jesús y que Pedro lloró amargamente (Mateo 26:75, Lucas 22:62), pero luego venció. Sabemos que los discípulos volvieron a creer cuando Jesús se les apareció durante cuarenta días (Hechos 1:3) pero, de éste joven tenemos solo una sospecha: La palabra griega que se traduce como joven es «neanías» que no tiene ninguna similitud con «angelos» (ángel). Yo creo, en lo más profundo de mi corazón, que así como Jesús no nos abandona desnudos a ti ni a mí, tampoco lo hizo con él. Creo que le dio “larga ropa blanca,” símbolo de santidad y de pureza. No importa cuántas veces tú le hayas abandonado ni cuántos años o décadas hayas andado desnudo, Jesús está listo para vestirte, investirte, revestirte. Todos los Evangelios narran que en la tumba del Señor había ángeles, sin embargo Marcos nos añade algo diferente. Marcos narra que cuando “María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé” entraron en el sepulcro:
“…vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.” Marcos 16:5

“Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza.” Salmos 62:5

David le habla a su propia alma (sentimientos, pensamientos y voluntad) y le instruye (se ordena a sí mismo) que únicamente repose (tenga paz, confíe, descanse) en Dios. El rey adoraba al Señor mientras entrenaba su propia actitud y se formaba en la Verdad. Ya sea que se encontrase en medio de la dificultad o del éxito, entre múltiples amenazas de muerte o con la profunda admiración de todo su pueblo, en la fría dureza de una cueva (huyendo de Saúl) o en la sobreabundante riqueza de su palacio, este hombre increíble no reposaba sobre sus valientes y leales guerreros, sobre sus lingotes de oro ni sobre sus muchas cualidades y sabiduría (1 Samuel 16:18), no, David entendía que su vida, al igual que la tuya y la mía, están en las manos del único Dios y que solo en Él podemos descansar, que solo Él es la fuente de nuestra esperanza; de hecho que Él, el autor de la fe (Hebreos 12:2), es el dueño de ella.

¿En quién reposa tu alma? ¿En tu status o cuenta bancaria? Y ¿de quién es tu esperanza? ¿De tu médico, tu empleador o negocio? No me malinterpretes, una jugosa cuenta bancaria, tus negocios y un excelente médico son grandes bendiciones; es bueno tenerlos y valorarlos pero, según David, no es bueno que reposes en ellos ni que pongas solo allí tu esperanza. Solo Dios debe ser tu reposo y tu esperanza. Sin Dios, tu cuenta bancaria y tu próspero negocio pueden causar solo disputas, y ese eminente médico puede convertirse en quien te sentencia a muerte porque desconoce la cura para tu mal. Pero con Dios, ese negocio y prosperidad son para traer Su Reino y bendecirte más, y esa enfermedad puede culminar en que Él sea exaltado cuando tú seas sanado. Esfuérzate, apóyate en otros, planifica y protégete, a ti y a los tuyos, pero reposa solamente en Dios, y que solo de Él sea tu esperanza…

“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia.» Salmos 127:1

“Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que [Él] os dijere.«Juan 2:3-4

En medio de una de las más hermosas celebraciones del pueblo judío, una fiesta de bodas (unión), el vino (símbolo de gozo y alegría) se acabó. No sabemos si fue que el padre de la novia calculó mal, si llegaron algunos “colados” o si simplemente bebieron más de lo estimado, pero la fiesta estaba a punto de terminar. María sabía a quien recurrir: “no tienen vino” (verso 4b) le susurró al oído. El vino en la Biblia representa fructificación y gozo, la sana plenitud que solo te puede dar el Espíritu Santo. Por eso la respuesta de Jesús se puede parafrasear como: “¿Cómo que no tienen vino? ¿Acaso no estoy aquí? Yo Soy su gozo y aún no ha llegado mi hora.”

¿Quieres tener tú también ese gozo? María nos da la clave: 1) Servir (“Su madre dijo a los que servían”) y 2) Obedecer Su Palabra (“Haced todo lo que os dijere»). Vemos luego que, cuando Jesús les dijo a estos hombres (que no eran sus discípulos) que llenaran seis grandes tinajas de agua, ellos: «las llenaron hasta arriba» (verso 7), y cuando les instruyó que se lo llevaran al jefe de meseros, ellos «se lo llevaron» (verso 8). Estos servidores no dijeron: “bueno, si se acabó el vino, se acabó la fiesta, que nos paguen porque ya cumplimos” ni tampoco: “que injusto, ahora tendremos que trabajar más repartiendo otras seis tinajas,” no. A pesar del cansancio, de la rutina y de las molestias de algunos invitados impertinentes, ellos obedecieron de inmediato cada instrucción, y entonces fueron testigos centrales de un increíble milagro que sin duda marcó sus vidas. Si queremos ver prodigios y ser testigos del poder de Dios, debemos servirlo y obedecerlo, sin excusas ni postergaciones. Si Jesús es el Señor en tu vida, ámale con todo tu ser, sirviendo en Su Reino y guardando Su Palabra, solo así podrá Él cumplir Su maravilloso deseo de traer los Cielos a la Tierra (venga Tú Reino) y hacer morada en ti:

“Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” Juan 14:23

 

Tu total potencial está aún por descubrirse, pero solo saldrá a la luz cuando sea estrictamente necesario. No tengas temor de los retos, ¡te hacen crecer!

“Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.”Lucas 22:63

Pedro le había asegurado a Jesús: «Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré…»(Mateo 26:35), sin embargo bajo la presión de una agresiva multitud, sucedió lo anunciado: lo negó, y luego, con profundo dolor, “lloró amargamente.” Creo que la tristeza de Pedro no provenía solamente del haberle fallado al Señor sino además porque ya Él se lo había advertido, pero ¡qué bueno que Dios nos haya dado una conciencia! Del mismo modo que el dolor físico es bueno porque nos advierte que algo está mal (aunque duela), el arrepentimiento profundo por nuestros errores es muy saludable: nos anuncia que debemos cambiar, que solos no podemos, que necesitamos librarnos de algo… ¡Que necesitamos de Dios!

Judas, al igual que Pedro, tú y yo, también le falló al Maestro pero no lloró amargamente sino que, al darse cuenta de que había “…pecado entregando sangre inocente… salió, y fue y se ahorcó.” (Mateo 27:4-5) Judas no entendió el amor de Jesús y quiso tomar sobre si mismo sus culpas, sin saber que eso es imposible y que el Cristo estaba a punto de llevar sobre Si las de toda la humanidad. ¡Qué lástima que Judas no lloró amargamente sino que decidió ejercer venganza contra sí mismo, cerrándose a toda esperanza, sin entender que Jesús dichosamente lo habría perdonado y restaurado! Decidió colgarse en un madero para maldición (Deuteronomio 21:23) en vez de aferrarse a Jesús quién se hizo maldito para darnos vida (Gálatas 3:13). Tú no te quedas en el lodo si tienes un río limpio para bañarte. No lleves las culpas que ya Cristo llevó, no arrastres tus errores como si fueran imperdonables, no te juzgues diferente a como te juzga el Verdadero Juez; mejor arrepiéntete y, si lo necesitas, llora amargamente, derrama todas tus lágrimas pero luego, una vez más, levántate. No te juzgues tan duro como para rechazar la gracia de Dios. No imites a Judas, imita a Pedro quien, una vez en paz con Dios, nunca volvió a ser el mismo:

“Mas Pedro dijo: …; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;” Hechos 3:5-6

“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.” Juan 15:18

Siempre he admirado a los buenos guitarristas y recuerdo que hace algunas décadas, los “metaleros” comenzaron a arrojarse al piso mientras ejecutaban solos virtuosísimos. Recientemente vi en televisión a una banda cuyo guitarrista también se arrojó al piso con aún mayor fuerza y agresividad… solo que ¡casi no sabía tocar! Vivimos en un mundo donde lo esencial es llamar la atención, atraer, impresionar…. Lo primordial no es el fondo sino la forma, no lo que haces sino cómo lo haces. Lo que pareces ser importa más que lo que realmente eres. Pero cuando Isaías describe a Jesús, dice que «no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos» (Isaías 53:2b) Jesús cambió completamente la atmósfera espiritual del planeta y la historia de la humanidad, para siempre, pero no lo hizo con efectos especiales sino con humildad; no con mañosa astucia sino con sabiduría; no con estrategias ni propaganda sino con poder y santidad; no como el presidente de una poderosa nación ni como un multimillonario, sino como simple carpintero… Y claro, ¡muchos le aborrecieron!

Jesucristo llama a Satanás el príncipe de este mundo (Juan 12:31, 16:11) y dice además que ni Él ni sus seguidores somos de este mundo (Juan 17:16), de modo que si nadie te aborrece, evalúa tu caminar porque quizás estés encajando demasiado bien en este mundo (del griego Kósmos = sistema de cosas). Del mismo modo que tú y yo  queremos que nuestros hijos sean firmes y genuinos, y que no sean influenciados al mal por sus compañeros de estudio o amigos, Dios quiere que seamos fieles a Él y que no estemos tan preocupados por lo externo. Si muchos aborrecieron a Jesús que era la Plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9), ¿por qué debe extrañarnos que también algunos aborrezcan a quienes pretendemos seguirlo? No te afanes ni entristezcas, un poco de aborrecimiento puede ser un buen síntoma, quizás signifique que eres fiel al Padre y a tus convicciones, un creyente genuino. Por eso el apóstol lo advirtió desde hace casi veinte siglos:

“Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.” 1 Juan 3:13

Aún no sé como ni cuando comenzaste a sanar mis heridas pero creo que fue mientras dormía.

Germinaste en mí como semilla bajo tierra y la esperanza reverdeció, como imperceptible transfusión de savia que humectó mi dura corteza.

Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” 1 Corintios 1:9

Tú y yo no fuimos llamados a ser evangélicos, católicos, mormones o testigos de Jehová, fuimos llamados a tener Comunión con Jesucristo. Comunión significa unión en común, tal cual como la que tenemos (o deberíamos tener) con nuestro cónyuge. Significa una relación íntima, amistad, compañerismo y confianza; significa que ríes con Él y lloras con Él, que caminas con Él y que lo involucras en tus decisiones; significa que siempre es la primera opción, no la última; significa que te importa Su parecer, Su opinión, y que atesoras Su Palabra. No es solo algo místico, no es solo un estado nirvana de comunión con el universo, es una interacción diaria, minuto a minuto, mientras te bañas, manejas, trabajas y lidias con tus diarios problemas.

Lo que más me gusta es que dice con Jesucristo. Jesús es Su nombre como humano, pero el Cristo es el Mesías, es el Ungido, el Redentor, el Salvador del Mundo, y es Él quien quiere tener mucho en común (comunión) contigo. Y si eso fuera poco, ¿sabes quién te ha invitado a esa relación? El Padre. Cuando voy a un parque y veo que un niño simpatiza con mi hijo Daniel, inmediatamente me cae bien, solo porque ha empezado a comunicarse (primer paso de una comunión) con mi hijo. Bueno, aunque te cueste creerlo, es el Padre quien te ha llamado a que seas amigo de Su hijo. Es Él quien te ofrece la amistad incondicional y preciosa de Jesucristo. Con razón Pablo inicial el verso diciendo: Fiel es Dios. ¡Que inmenso amor inentendible!

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;…” 1 Juan 3:1a

“Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.” Juan 15:18

Siempre he admirado a los buenos guitarristas y recuerdo que hace algunas décadas, los “metaleros” comenzaron a arrojarse al piso mientras ejecutaban solos virtuosísimos. Recientemente vi en televisión a una banda cuyo guitarrista también se arrojó al piso con aún mayor fuerza y agresividad… solo que ¡casi no sabía tocar! Vivimos en un mundo donde lo esencial es llamar la atención, atraer, impresionar…. Lo primordial no es el fondo sino la forma, no lo que haces sino cómo lo haces, lo que pareces ser importa más que lo que realmente eres. Pero cuando Isaías describe a Jesús dice que “no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.” (Isaías 53:2b) Jesús cambió completamente la atmósfera espiritual del planeta y la historia de la humanidad, para siempre, pero no lo hizo con efectos especiales sino con humildad; no con mañosa astucia sino con sabiduría; no con estrategias ni propaganda sino con poder y santidad; no como el presidente de una poderosa nación ni como multimillonario sino como carpintero… Y claro, ¡muchos le aborrecieron!

Jesucristo llama a Satanás el príncipe de este mundo (Juan 12:31, 16:11) y dice además que ni Él ni sus seguidores somos de este mundo (Juan 17:16), de modo que si nadie te aborrece evalúa tu caminar no sea que estés encajando demasiado bien en este mundo (del griego Kósmos = sistema de cosas). Del mismo modo que tú y yo  queremos que nuestros hijos sean firmes y genuinos, y que no sean influenciados al mal por sus compañeros de estudio o amigos, Dios quiere que seamos fieles a Él y que no estemos tan preocupados por lo externo. Si muchos aborrecieron a Jesús que era la Plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9), ¿por qué debe extrañarnos que algunos lo hagan también con nosotros quienes pretendemos seguirlo? Así que no te afanes ni entristezcas, un poco de aborrecimiento puede ser un buen síntoma, quizás signifique que eres fiel al Padre y a tus convicciones, y que eres un creyente genuino. Por eso el apóstol lo advirtió desde hace casi veinte siglos:

“Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece.” 1 Juan 3:13

“No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; Aparta tu pie del mal.” Proverbios 4:27

Hasta hace tan solo un par de generaciones, muchos niños zurdos eran forzados a escribir con la mano derecha porque la izquierda se consideraba “siniestra,” y se concluía que aquellos que preferían usar esa mano traían una línea de iniquidad, una suerte de predisposición al mal y, en la antigüedad, ésta mano simbolizaba el camino errado, una tendencia maliciosa, una inclinación a lo perverso. Pero, si bien el desviarse hacia la izquierda es una clara metáfora de apartarse del bien, existe un peligro igualmente grave: desviarse hacia la derecha. Por eso Salomón advierte que no pequemos por defecto (izquierda) ni por exceso (derecha)…

Por ejemplo, muchos de nosotros nos esforzamos por ser honestos e íntegros, por hacer lo correcto, y hacemos lo posible por vivir fuera de tentaciones, de vicios y excesos, logrando alejarnos de la “siniestra,” lo cual es muy importante pero, muchas veces, en ese afán de no errar, movemos demasiado el péndulo y nos pasamos a la “extrema derecha,” volviéndonos perfeccionistas, legalistas, jueces perseguidores e inquisidores de la conducta de los demás; por eso este verso nos enseña que el mal se halla a ambos lados, y que debemos mantener el pie en el medio (en ambos lados está el mal). De modo que así como no es bueno chismear (izquierda) tampoco lo es criticar frontalmente a los demás (derecha), y si bien no es sabio llevar una vida desorganizada (izquierda) tampoco lo es el ser perfeccionistas (derecha) deseando controlar todo y a todos. Fornicar es un pecado (izquierda) pero también hay mucho mal en no entregarnos a nuestro cónyuge, negándonos el disfrute (derecha). Es increíble cuantos pecados hemos inventado a pesar de no estar descritos como tales en la Biblia, como que el procurar prosperidad es codicia, que disfrutar de una vida sexual plena con el cónyuge es lujuria o simplemente confundir auto confianza con arrogancia. Ten mucho cuidado, no juzgues a otros, no te creas superior o más religioso que los demás como lo hacían los fariseos, eso sí es pecado y se llama orgullo espiritual.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.” Josué 1:7

“Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron.” Juan 15:25

No deja de maravillarme la vigencia de la Biblia. La cita a la que Jesús hace referencia fue escrita aproximadamente 700 años antes (Salmos 38:19, 69:4)pero, ¿acaso no está vigente aún hoy? ¿No seguimos aborreciéndolo en la actualidad? Si hiciese una encuesta en cualquier ciudad del continente americano, un altísimo porcentaje de personas responderían que creen en Jesucristo, sin embargo la mayoría no habla de Él, no Le busca, no Lo honra ni cree sinceramente que sus enseñanzas tengan validez en la actualidad. Para ellos el sacrificio de Jesús en la Cruz es completamente irrelevante y desafortunadamente, solo lo buscarán en el día de la desesperación, después de que todas las otras opciones hayan fracasado… Me impresiona también ver como muchas personas que orgullosamente citan la sabiduría de líderes espirituales de la talla de Gandhi, Buda o al Dalai Lama (lo cual no tiene nada de malo), no hacen lo mismo cuando se trata de nuestro Jesús. Parece que el Señor nunca está de moda…

¿Qué sentirá Jesús cuando, después de pasar el más grande de los tormentos para mostrarnos Su inmenso amor, todavía Le seguimos “aborreciendo sin causa”? Recuerdo a una profesora quien, mientras escapó de Cuba, estuvo alimentándose únicamente con espaguetis durante todo un mes, y puedo entender que por esto los rechaza hoy pero, ¿por qué aborrecer a Jesús? ¿Por qué repudiar a Aquel que no solo nos dio la vida sino que, al escoger nosotros el mal, no dudó en sufrir las peores consecuencias con el fin de reconciliarnos consigo Mismo? Dios se desespera por nosotros y, mientras más nos bendice, menos Le atendemos. Es por eso que en las sociedades más ricas y mejor educadas, Él encuentra más resistencia, porque allí piensan que no lo necesitan. ¡Cuán hermoso es el corazón de Dios y cuán abundante en misericordia! No pierde la paciencia a pesar de que Su misma Palabra advierte que serán cada vez más los que lo aborrecen sin causa:

“Porque mis enemigos están vivos y fuertes, Y se han aumentado los que me aborrecen sin causa.” Salmos 38:19

“Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.”Eclesiastés 1:12

Por muchos años tuve el paradigma de que servir a Dios implicaba un gran sacrificio: abandonar la carrera profesional, renunciar a toda potencial prosperidad financiera y además, apartarme un poco de mi familia. ¡Qué miedo! ¡Y todo por las exigencias del ministerio! Sin embargo vemos que Salomón predicaba y escribía a la vez que gobernaba y juzgaba. Podemos hacer más, mucho más, pero con frecuencia nos enfocamos tanto en la tarea que se nos olvida el propósito por el cual la ejecutamos. Salomón sabía que su esfuerzo tenía un fin mucho mayor que él mismo, y que su trabajo en el ámbito natural y el Reino espiritual están conectados. Cuando comprendes que cada esfuerzo es un pequeño ladrillo en la construcción del Reino de los Cielos, y que hay recompensa para aquellos que Le seguimos, entonces tu perspectiva cambia y cualquiera que sea el tipo y lugar de trabajo donde Dios te puso, se convierte en poderosa plataforma para iluminar.

Servir a Dios no es un sacrificio sino un placer, no es una tarea  sino un privilegio, no es una renuncia, es una concesión, un gozo continuo. No se trata de llevar una nueva carga sino de soltarlas todas. Él no es una “cruz” sino diaria resurrección… No elijas la orfandad teniendo al mejor Padre, no ignores lo espiritual tras lo natural. Pon a Dios primero. Si te agota servir a Dios es porque lo estás haciendo según tus fuerzas, tratando de traer tu propia visión pero no se trata de nosotros sino de Él. Entrégale a Dios todo lo que haces, mantén todo bajo Su perspectiva, no dejes nada fuera de Su unción, de Su bendición, sin Su participación. Coloca en Sus manos lo que te apasiona, busca agradarlo en cada detalle, aún los insignificantes. Dale más espacio en tu día a día, esfuérzate por traer Su Reino a la tierra, y tendrás recompensa. Es imposible superar la generosidad de Dios, Él siempre te dará mucho más de lo que te pide…

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33