“y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” Lucas 24:5 María Magdalena y otras mujeres habían ido muy de mañana al sepulcro, con especies aromáticas para honrar y ungir el cuerpo del Señor, pero la piedra había sido removida y mientras ellas …
La fe en acción, el ejemplo de Elías
“Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. ” 1 Reyes 18:21 Elías era el único profeta de Jehová que quedaba mientras que el titubeante rey Acab había reunido …
La fe en acción, el ejemplo de Moisés
“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.” Éxodo 14:13 El momento era desesperante. La recién obtenida libertad de Israel estaba amenazada porque faraón se arrepintió de haberlos liberado. Este pueblo …
La fe en acción, el ejemplo de Josué
“Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.” Josué 1:6 Josué había sido escogido por Dios como sucesor de Moisés para guiar al pueblo hacia la promesa y establecerlo donde “la tierra fluye leche y miel.” Sin …
La fe en acción, el ejemplo de Josafat
“y dijo [Josafat]: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?” 1 Crónicas 20:6 El rey Josafat acababa de enterarse de que “una gran multitud del …
La fe en acción, el ejemplo de Abraham
“Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara).” Romanos 4:19 Abraham tenía cerca de cien años y su esposa Sara era estéril. El cuerpo de este hombre estaba “ya como muerto” e imagino que …
La fe en acción, el ejemplo de Pedro
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.” Mateo 14:28-29 No sé si alguna vez has tratado de bajarte de un pequeño bote amarrado a un …
La fe en acción, el ejemplo de Caleb
“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.” Josué 14:11 Cuando dijo estas palabras, Caleb tenía ochenta y cinco años (verso 10) y había acompañado durante cuarenta y cinco al pueblo de Israel, …
La fe en acción, el ejemplo de David
“Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.” 1 Samuel 17:32 David vio al mismo gigante (Goliat) que vieron todos y oyó “las mismas palabras” que oyeron todos (Verso 23), pero captó una oportunidad donde todo un ejército y su …
Más que todos…
Dijo Jesús: » Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar» Mateo 12:41 Muchas siglos antes de la primera venida de Jesucristo, Nínive era una ciudad completamente corrupta pero sus …
Miedo vs. Obediencia
“Mas Jehová Dios llamó al hombre [Adán], y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el uerto, y tuve miedo, porque estana desnudo; y me escondí.» Génesis 3:9-10 Adán no había conocido el miedo. Él les dio nombre a todos los animales sin temor ni siquiera de las fieras, porque …
No eres de este mundo
“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” 1 Juan 4:4 La palabra “mundo” (cosmos) en la Biblia no se refiere al universo o al planeta sino más bien al sistema imperante, a la manera como viven aquellos que …
Amando a Dios con todo…
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” Marcos 12:30 Cuando pienso en los mandamientos, pienso en no matarás, no mentirás, no esto y no aquello, pero acá Jesús establece que el mayor …
Líbranos del mal…
“Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.” Lucas 13:12
Esta mujer había estado encorvada durante dieciocho años “y en ninguna manera se podía enderezar.” Sin embargo cuando vio a Jesús, aunque probablemente conocía Su fama, no le pidió que la sanara. Ella, al igual que muchos creyentes hoy en día, se había acostumbrado a “su” enfermedad. Quizás un día perdió la fe y decidió que esa era la “voluntad de Dios,” por lo que debía aceptarla y resignarse pero Jesús, al instante de verla, la llamó y la sanó porque ni las ataduras, ni el sufrimiento ni la muerte son Su voluntad. Él vino para darnos vida en abundancia (Juan 10:10), para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8) y para romper todas nuestras maldiciones (Gálatas 3:13). ¿Cómo alguien que entrega a su hijo y a si mismo por otro, le va luego a tratar de enfermar, hacer sufrir o matar? Podemos creer lo verdaderamente absurdo cuando no ejercemos discernimiento.
Yo no sé si te has acostumbrado a esa enfermedad crónica de la que murió tu papi y tu abuelita, a ese dolor de huesos, a la escasez económica aunque trabajas duro, a las agresiones e infidelidades, o quizás has renunciado para siempre a la satisfacción sexual con tu cónyuge. Hoy quiero invitarte a que te desacostumbres a todo eso y busques el bien, porque el mal no es la voluntad de Dios según leemos en Su Palabra. Tenemos un enemigo, su nombre es satanás y Jesús lo llamó diablo, que significa usurpador. Él trata de usurpar en tu vida el lugar del único Señor y tú, cada vez que te resignas al mal y “oficializas” el sufrimiento para ti o los tuyos, le otorgas la victoria y peor aún, blasfemas contra Dios porque le atribuyes el mal a Aquel que es solo bien (Marcos 10:18). Dios no quiere destruirte, Él entregó a Su Hijo para recuperarte; Jesucristo no te oprime, Él fue crucificado para liberarte; Jesucristo te ama con un amor infinito y puede y quiere liberarte, por eso nos enseñó a orar: “líbranos del mal” (Mateo 6:13). No te acostumbres al mal, no desistas, no te aferres a él ni lo aceptes por tu impaciencia. ¡Resiste!
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Santiago 4:7
La mejor parte
“Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” Lucas 10:40
Marta estaba estresada porque, en medio de los múltiples quehaceres causados por la visita de Jesús a su casa, su hermana María permanecía tranquilamente sentada a los pies del Maestro, escuchando con deleite Sus palabras de vida eterna. Y cuando estaba ya a punto de explotar por semejante “injusticia”, fue y le reclamó al propio Jesús quién le respondió: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas pero solo una cosa es necesaria. Y María ha escogido la mejor parte, la que no le será quitada.»
En medio de tantas labores para Jesús, a Marta se le perdió Jesús. Olvidó que la razón de la cena y el festejo era Él. Estaba tan deseosa de honrarlo y servirlo que ignoró lo que lo que Él quería: Su atención. Haz una pausa, detente un instante y deja de “servir” a Jesús a tu manera y ponle atención a Él. Escucha lo que Él quiere decirte y deja de hacer lo que tú quieres darle. Por eso hay tantas personas cansadas como Marta en el ministerio, sobrecargadas, tratando de complacer a todos, de cumplir con todo, sacrificando su intimidad matrimonial, sus hijos, su paz, su alegría, sus finanzas, vacaciones y sueños “por el Señor”, pero ¿quién te dijo que Él quería que sacrificaras eso? Ese es el deseo del diablo. Escoge la mejor parte, la que no te será quitada. No sigas perdido en lo irrelevante ni lo religioso. Lo que Jesús quiere (al igual que tu cónyuge e hijos) es tu atención, tu amistad, vivir contigo, pasar mucho tiempo a tu lado. Créelo o no, Él ama tu compañía…
“Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo,…” Juan 17:24a
Libres de toda condenación
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1
Imagino lo que siente un delincuente realmente arrepentido cuando el juez dictamina: ¡Inocente! Esa sola palabra significa que no sufrirá la cárcel con sus maltratos, que podrá estar con sus seres queridos y disponer de su tiempo, sentir los rayos del sol y caminar bajo la lluvia. Ahora tiene otra oportunidad y ya no pesa sobre él o ella, ninguna condena. Creo que algo parecido siente el enfermo que lee el examen que dice “remisión total” o aquel que ve, en los documentos de la hipoteca de su casa, un sello que indica “cancelado.”
Ahora bien, ¿cómo te sientes tú al saber que hace casi dos mil años el Juez de jueces declaró sobre tu nombre: “inocente”? Y cuando se le presentaron todos tus errores y malicia, Él dijo: “pagados en la Cruz;” y aún antes de que viniera a tí el dolor de la enfermedad, Él dijo: “sanado por Mi llaga,” y cuando se abrió un acta que detallaba todas tus iniquidades (junto a la de tus padres y abuelos), Él dijo: “redimido en el madero.” Cuando Jesús dice “sano” significa completamente sano, y cuando la Biblia dice que “no hay ninguna condenación,” es porque no existe ni rastro de ella. No te acuses más, no te culpabilices, no sigas lamentándote por lo que pudiste hacer mejor esta mañana o hace treinta años. Invita a Cristo a entrar a tu corazón y retoma el camino para el que fuiste creado. Regresa a Su plan original de bendición y dicha para ti y los tuyos, y así podrás levantarte y declarar con confianza: “¡Ninguna condenación hay para mí!” Te invito a hacerlo ahora, por favor declara en voz alta: “¡Ninguna condenación hay para mí!” Repítelo, deja que ésta verdad penetre las fortalezas de tu mente. Permítele a Su Espíritu guiarte para que vivas conforme a Él. Oye Su Palabra, cree en Aquel que lo envió y no habrá para ti ninguna condenación, sino habrás pasado de la muerte a la vida.
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Juan 5:24
Hasta tus cabellos…
“¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.” Lucas 12:6-7
¿Qué es lo que te mantiene despierto por las noches? ¿Hay algo que te causa angustia por que no encuentras la solución, el camino, la respuesta? Recuerdo un vuelo donde, en medio de una desagradable turbulencia que no me dejaba relajarme, un bebé dormía profundamente abrazado al regazo de su madre. Creo que ese pequeño sabía que aún los pocos cabellos de su cabecita están contados, y que él, delante de su Padre, vale más que muchos pajarillos. Ahora bien, ¿por qué no logramos percatarnos de lo valiosos que somos? ¿Qué es lo que nos aparta de la verdad y bloquea nuestra capacidad de creerle a Dios Su Palabra? ¿Por qué no podemos vivir en paz, viéndonos como Él nos ve y sabiendo que Él efectivamente nos cuida y ama?
Genéticamente estamos programados para sobrevivir y por eso nos urge una intensa necesidad de control. Queremos sentirnos seguros y con frecuencia, persiguiendo esa seguridad, arriesgamos algo mucho mayor: nuestra alma. Por un lado sabemos que existe algo mayor, que hay algo “más allá” pero por el otro, confiamos más en lo que podemos ver y palpar, y así nos inventamos un dios abstracto, no muy real, un dios que a veces escucha y otras veces no, que a algunos ayuda pero a otros no, pero eso es absurdo y no bíblico, y solo un loco le ora a quien no le cree. Dios es Uno (Deuteronomio 6:4) y no hace acepción de personas (Deuteronomio 10:17, Hechos 10:34). Tenemos que reprogramarnos nuevamente hasta entender la persona de Dios, del Espíritu Santo. Él no puede guiarte si tú no buscas Su guía; no puede instruirte si no Le crees; no puede hablarle a quien no tiene tiempo para escuchar. ¿Cómo aconsejas a un hijo que siempre te ignora, que no tiene agradecimiento en su corazón sino rebelión contra ti? Dios no se ha olvidado de ti pero quizás tú si te has olvidado de Él. Reconcíliate, Jesucristo construyó el puente para que vivas en paz, pero es necesario que Le creas:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” Hebreos 11:6
La fe que fructifica
“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” Mateo 11:2-3
Juan, llamado el Bautista porque bautizaba en el Jordán, fue quien reconoció a Jesús llamándole el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:28), también quién vio al Espíritu Santo descender sobre Jesús en forma de paloma (Juan 1:32) y además quien dijo del Maestro: “… yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.” (Juan 1:33) ¿Cómo ahora manda a sus discípulos a preguntarle a Jesús si era Él el que vendría o debían esperar a otro? ¿Qué cambió, qué pasó? ¿Cambio algo en Jesús? No, en absoluto, pero en Juan si. Ahora él estaba en la cárcel, estaba preso y generalmente en las crisis, en medio de la prueba, de la enfermedad, de la deuda, las mismas circunstancias pueden verse muy diferentes… Se llama la zona de crecimiento.
Pero la Biblia dice que tengamos a Dios como “segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:19), de modo que aunque haya tormenta en la superficie y todo se tambalee, y nos mareemos y perdamos la ubicación, Él no cambia porque está anclado, inmóvil, y es indestructible. Él no cede, no se descuida, no se resbala ni duerme. Debemos desarrollar una fe a prueba de circunstancias porque “las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:19b). Necesitamos, a través del Espíritu Santo, entrenar a nuestra mente y corazón para palpar la Palabra con mayor convicción que a nuestros propios huesos, para poner la voz de Dios antes que la del mundo, para seguir creyendo cuando nadie más cree, para perseverar cuando la lógica te grita que renuncies. Juan no podía ver lo que ocurría desde la cárcel, cómo tú y yo no podemos ver lo que sucede en los Cielos mientras oramos. Por eso Jesús les dijo simplemente que le contaran lo que ellos veían y oían, el fruto de su esfuerzo:
“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;” Mateo 11:5
La razón detrás de los Mandamientos
“Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.” Deuteronomio 5:6
Justo antes de entregarle los Mandamientos al pueblo de Israel, Dios les recuerda que fue Él quien los sacó de la tierra de Egipto, donde eran esclavos, pero no lo hace para jactarse sino para que 1) confíen en Él y 2) ejerzan su libertad. Los mandamientos son para los libres, no para los esclavos. Si no disciplinas a tus hijos con instrucciones y límites, los esclavizas; si los corriges apropiadamente y los educas, los libertas. En esclavitud, las instrucciones son para beneficio del amo pero en libertad, los mandamientos son para beneficio de quien los cumple. Dios nos recuerda, justo antes de instruirnos con Sus principios básicos de vida, que Él es nuestro Dios (nuestra fuente, nuestro Salvador, o sea que nos pertenece al igual que nosotros a Él) y que solo Él nos liberta verdaderamente (Juan 8:31-32), sea cual sea nuestro Egipto.
Cuando nos volvemos críticos de otros y juzgamos sus conductas, ya sea con la Biblia o con nuestra propia moral, exigiéndoles que cumplan deberes y roles, olvidamos que están atados y esclavizados en sus vidas actuales y que solo aquel que es libre puede ser verdaderamente instruido. ¿Cómo decirle a un esclavo que santifique el día de reposo o que honre a sus padres, si no es dueño de su tiempo ni tiene sueños? ¿Cómo decirle a un adicto, a alguien lleno de miedos o a quien está atado a la pornografía que se respete más a si mismo o misma, si ni siquiera sabe quien es? Recuerdo a alguien muy querido a quien, antes de conocer yo a Cristo, juzgué y critiqué frontalmente. Hoy me doy cuenta de que toda esa energía, todas esas horas gastadas en sermonear y toda mi arrogancia vaciada sobre esa persona, no hicieron absolutamente nada bueno sobre esa vida. Un sencillo abrazo lleno de sincero amor hubiera producido mucho más, en un instante. Esa persona necesitaba Gracia y yo solo tenía mi verdad. Cada palabra mía solo le hundió más dentro del remolino de su baja auto estima. Tengamos cuidado porque no es lo mismo corregir al esclavo que al libre:
“Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Juan 8:35-36
Tu ayuda idónea – parte 3
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Génesis 2:24
El costado de Jesús al igual que el de Adán, fue abierto y permanece así (Juan 19:33, 20:27) hasta que la novia (Iglesia) se una con Cristo en las bodas del Cordero. El matrimonio es la re-unión de dos en uno, simbolizada en la costilla que regresa al cuerpo del que salió. Del mismo modo que en el mundo físico los genitales se complementan y requieren uno del otro para una completa consumación, las almas femenina y masculina requieren comunión emocional, intelectual y espiritual para estar completas. El machismo y feminismo provienen de la ignorancia (y arrogancia) de creernos independientes, sin necesidad de recibir del otro en alguna de estas áreas. Renunciamos a esas necesidades y justificamos nuestra conducta, pero el hoyo en la costilla permanecerá vacío… Aún en parejas del mismo sexo observamos la tendencia de cada miembro hacia roles opuestos (femenino o masculino), en un intento instintivo de completarse uno al otro.
La esposa es parte del esposo, y el esposo de la esposa. Ambos valen lo mismo pero no son iguales sino complementarios. ¿Por qué muchas mujeres leen novelas “rosa”? Porque en ellas, el héroe varonil y valiente es además emocional, como mujer. ¿Por qué muchos hombres se atan a la pornografía? Porque en ésta, la mujer sexy y femenina además se comporta, en la intimidad, como hombre. Pero ambos casos son irreales, les pagan por actuar así. No le pidas a tu pareja lo que no puede darte, su diseño es diferente. No compitas ni trates de hacerle igual a ti porque dañarías su diseño divino, y más tarde, te decepcionarías… Intenta vivir considerando la perspectiva de alguien que tiene una muy diferente estructura psicológica y espiritual, además de física, y reconcilia lo mejor de “ambos mundos.” No desprecies a tu pareja, es carne de tu carne:
“Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.” Efesios 5:29-30
Tu ayuda idónea – parte 2
“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre [Adán] esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Génesis 2:18
Dios creó al hombre del polvo, soplando sobre sus narices “aliento de vida” (verso 7) pero a Eva la formó a partir de una costilla de Adán, quien ya era un “ser viviente.” Eva y Adán eran un mismo ser, ella formaba parte de él y Dios los separó para que pudieran disfrutarse en lo físico, en lo visible, palpable. Por eso Adán, al ver a Eva dijo:»Esta si es carne de mi carne» (verso 23). Imagino su alegría y emoción; supongo que todo su ser se estremeció profundamente. Estaba viéndose a sí mismo, en femenino, e imagino que de inmediato dispuso su corazón para lograr que ella lo siguiera. Él quería introducirla al jardín, ser su guía y su líder, quería impresionarla con sus conocimientos y habilidades, y presumo que disfrutaba mucho cada vez que ella parecía admirada de él.
Eva por su parte, mientras se descubría a si misma observaba la mirada maravillada de Adán quien todavía no lo podía creer, y le gustó esa sensación de sentirse así, deseada y guiada en ese mundo desconocido, y por eso dispuso su corazón para cautivarlo y que nunca se apartara de ella. Adán existía desde antes y tenía consciencia de si mismo, por eso se centró en Eva. Ella en cambio, se descubrió a sí misma al tiempo que descubría a Adán, por eso se centró en ambos, en la relación. Para Adán, lo importante era ella y necesitaba ganarse su admiración, hacerle saber que nadie estaba mejor equipado que él para guiarla. Para Eva lo importante era ella misma, seguir atrayendo a Adán para sentirse amada y acompañada. Creo que Adán se preguntaba: “¿cómo la hago sentirse?” mientras Eva en cambio pensaba: “¿cómo me siento con él?” En esencia, no hemos cambiado mucho… ¡Qué bueno ser tan diferentes!
“Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” Génesis 1:31
Tu ayuda idónea – parte 1
“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre [Adán] esté solo; le haré ayuda idónea para él» Génesis 2:18
Imagina que eres el único ser humano de la tierra. No hay familia ni amigos ni niños; los animales te obedecen y te temen, y los árboles te dan su abundante fruto. Tú gobiernas todo, y todo es para ti, solo para ti. Tienes a Dios físicamente y lo ves con frecuencia; inesperadamente entra al jardín y te llama: “… ¿Donde estás tú…? (Génesis 3:9) Así de increíble era la vida de Adán pero, aunque tenía a Dios y disfrutaba de una estrecha relación con Él, estaba incompleto, algo le faltaba. Aunque te cueste creerlo, Dios no era suficiente para que Adán estuviese completamente feliz, y el Padre, sin celo alguno, decide crear de la misma carne y esencia del hombre, una criatura especial, hermosa, un complemento o «ayuda idónea», una compañera irresistible porque pone en ella exactamente aquello que a Adán le encantará. Ella lo cautivará pero también le ayudará de una manera “idónea,” es decir óptima, ideal, ¡mejor que nadie más! En el plan original de Dios, tu pareja es tu mejor apoyo, tu mejor compañía, tu mayor soporte, motivador y asesor. Urge volver a ese plan, ¡comienza tú!
Pero Dios no hizo a Eva como a Adán, del polvo, sino que sacó del hombre una parte de sí mismo para que visible y físicamente pudiera tenerla; y ella tenerlo a él. Yo creo que esa costilla contenía también buena parte de su alma. Y a partir de entonces, a todo hombre le faltará su esposa para estar completo, y viceversa. Así instituyó Dios el matrimonio y lo hizo sagrado, no porque un sacerdote bendiga a la pareja sino porque el Dios y Creador del universo, le cedió a ella una parte de Su puesto en el corazón de él, y viceversa… Dios habita en tu pareja. Escarba un poco, búscalo, ¡encuéntralo! La imagen del mismísimo Espíritu Santo de Dios allí, a tu lado, en tu cama, vestido de piel…
“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne;…” Génesis 2:22-23a
El segundo Mandamiento
“No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” Deuteronomio 5:8
Los mandamientos son advertencias, no amenazas. Cuando le ordenas a tu hijo que no juegue con su pelota en la acera de esa calle transitada, no lo haces para quitarle el placer de jugar sino para protegerlo y probablemente salvar su vida. Cuando instruyes al adolescente a que no beba o lo haga con muchísima moderación, no lo estás reprimiendo, lo estás protegiendo y evitándole una potencial adicción. Dios te ama tanto que no solo te creó sino que además te compró. Debemos ver los mandamientos libres de las rigideces religiosas que ven castigo y condenación en todas partes. Todo buen padre les da mandamientos a sus hijos, no para satisfacer el ego del primero sino para el bien de los segundos.
Después de la caída espiritual del ser humano en el Jardín del Edén, vino la muerte espiritual y perdimos la comunión con Dios, por eso ahora solo lo natural nos es tangible y percibido como real. Debido a esto es común que el ser humano busque representar a Dios de una manera visible, para palparlo físicamente y concebir aquello que es etéreo e invisible, pero cuando te haces una imagen de Dios, no lo ofendes sino lo limitas. La orden del versículo continúa: “No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,…” (Verso 9). No se trata de que Dios sienta inseguridad y necesite controlarnos o dominarnos para sentirse tranquilo. Se refiere a Su anhelo desesperado de bendecirnos y de cuidarnos. Dios sabe que solo Él nos puede sacar adelante, que solo Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6) y que sin Él estamos perdidos y nada podemos hacer (Juan 15:5). Su celo viene cuando la preciosa vida que nos entregó está bajo amenaza de destrucción por nuestra ignorancia y no Le permitimos actuar para ayudarnos. No limites a Dios, no te hagas una imagen de Él porque Él es mayor, mejor, superior. No te hagas figuras mentales de Dios, mejor conócelo, abre las cortinas y deja que Su luz te alumbre:
“¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” Santiago 4:5
El tercer Mandamiento
“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano.” Deuteronomio 5:11
El tercer mandamiento según la Biblia (segundo según otros textos) se ha resumido tradicionalmente como “no jurarás” pero es mucho más que eso. A lo largo de la Biblia, el nombre (shema en hebreo) representa la fama y la reputación del personaje. Aún en nuestros tiempos es común escuchar a alguien mencionar cuánto le costó hacerse de un “nombre,” es decir alcanzar reconocimiento. Por otro lado la palabra shav (vano) también se traduce como inútil y “de forma hipócrita.” Muchos pensamos que creemos en Dios pero al momento de afrontar retos y dificultades, quebrantamos esta orden de Dios porque Él viene a ser nuestra última opción, alguien a quien solo acudimos cuando todo lo demás falló. Pero eso no nos conviene porque Dios es la mejor ayuda en todo tiempo así que, ese mismo Dios que tanto nos ama, nos ordena: “no tomar Su reputación como algo inútil.” Y eso para nuestro bien.
Él es Dios, Él es poderoso, “si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). La única forma de cumplir este tercer mandamiento es creyéndole a Dios, tomando Su nombre como poderoso, útil, efectivo, capaz, eficaz. En Su Nombre hay poder “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra,…” (Efesios 1:21) Por eso la oración dominical dice: “santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9b). Debemos honrar y exaltar Su nombre, fama y reputación, admirando Su autoridad y carácter. Debemos alabar Su nombre porque representa victoria, poder, señorío, autoridad. Él es digno, y además quiere y puede ayudarte, restaurarte, prosperarte, levantarte pero, ¿cómo alguien a quien consideras falso e inútil puede influir positivamente en tu vida? ¿Cómo puedes obtener algo verdaderamente valioso de aquel en quien crees de manera hipócrita? No se te dará por inocente, es decir, te perderás Sus bendiciones porque indirectamente lo niegas pero, si lo recibes, si crees en Su nombre:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;” Juan 1:12
La intercesion que abre los cielos – parte 2
“¿…y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?” Lucas 11:7
Recientemente escuché una hermosa explicación de ésta parábola de Jesús de parte del apóstol Guillermo Maldonado: un hombre fue a tocar la puerta de su amigo a medianoche para pedirle pan para otro amigo que acababa de llegar de viaje, porque él no tenía “que ponerle adelante” (versos 5-6). El personaje central es el intercesor, quién a medianoche le toca la puerta a su amigo que ya está acostado (Jesús), para pedirle pan para su otro amigo (la persona en necesidad), porque él (el intercesor) no tiene nada (pan, alimento) que ponerle adelante. El intercesor le pide a su amigo Jesús que le de tres panes (verso 5): el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No por casualidad Jesús contó esta hermosa parábola justo después de enseñar a Sus discipulos (y a nosotros) a orar lo que conocemos como la oración dominical.
Pero en el verso de arriba, Jesús pretende estar ocupado en sus propios asuntos y desinteresado en los nuestros, por lo que nos reta a insistirle, a importunarle (a medianoche), a perseverar. Él a veces nos prueba con obstáculos para así medir hasta donde nos puede llevar nuestra fe, como aquellos cuatro que le trajeron a Jesús a un paralítico a través del techo de la casa del Maestro. Solo Dios puede dar el verdadero pan (Juan 6:32-35), por lo cual nosotros debemos clamarle por aquellos cuyas almas están desnutridas, secas, agotadas, marchitas. Además interceder es una poderosa manera de incrementar tu comunión con Dios “tocando” la puerta de tu amigo, Jesús, para pedirle asistencia para otras personas, ya sea tu familia, amigos y conocidos, personas públicas o en eminencia (autoridades), regiones y naciones enteras y, por supuesto, tus enemigos. Comienza ahora mismo, eso atraerá Su atención porque son pocos los que oran y claman Su Nombre a diario:
“Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.” Isaías 64:7
