“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Mateo 6: 6 Del mismo modo que el médico nos da instrucciones como hacer algo “con cada comida, al acostarnos o antes de …
Mensajes de Liderazgo
Glorificando a Dios como Él demanda
“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” Juan 15:8 Me gusta exaltar al Padre con frases como “gloria a Dios” o “aleluya”, y me gusta también anteponer un “si Dios quiere” cuando hago planes. No hay nada de malo en eso, sin embargo glorificar al Padre …
La justicia de Dios y la nuestra
“Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.” Romanos 4:3 Nuestra justicia dista mucho de la justicia de Dios. Por eso Proverbios dice que “todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus” (16:2). Cuando alguien nos trata mal decimos que …
No te despegues…
“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano [rama] no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid [tronco], así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.” Juan 15:4 Jesús usa imágenes claras de nuestro mundo visible para que comparemos y comprendamos lo que sucede en lo invisible: Él …
Hay eternidad dentro de ti… Parte 3
“Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.” Lucas 5:3 La barca es la fuente de ingresos de Simón (Pedro) y el principal activo de su negocio familiar, pero el Señor no quiere …
Hay eternidad dentro de ti… Parte 2
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” Eclesiastés 3:11 El Libro de Génesis dice que Adán y Eva fueron creados a la imagen de Dios. Creo que …
Hay eternidad dentro de ti…
“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.” Eclesiastés 3:11 Tu corazón percibe la eternidad porque está dentro de él. Algo en tu alma sabe con certeza que …
Andando sabiamente
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Efesios 5:15-16 Algunas personas invierten gran cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo para vestirse continuamente de una manera impecable. No solo combinan colores sino texturas y estilo y, antes de salir a la calle, toman suficiente …
Dios te ruega hoy
“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” 2 Corintios 5:20 ¿Alguna vez te has imaginado que cuando alguien te habla de Dios, es el Señor mismo rogándote a través de él o ella? ¿Será posible que esa …
Luz para los enceguecidos
“en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 2 Corintios 4:4 La expresión “el dios de este siglo” hace referencia a Satanás, quien coordina el actual sistema de …
Hijo de Dios versus creación de Dios
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Romanos 8:14 En el mundo natural, tú puedes ignorar e incluso detestar a tu padre y seguirte llamando su hijo, pero no es así en el mundo espiritual. De hecho, la decisión de ser o no llamados hijos de …
La fe en acción, el ejemplo de Elías
“Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. ” 1 Reyes 18:21 Elías era el único profeta de Jehová que quedaba mientras que el titubeante rey Acab había reunido …
La fe en acción, el ejemplo de Moisés
“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.” Éxodo 14:13 El momento era desesperante. La recién obtenida libertad de Israel estaba amenazada porque faraón se arrepintió de haberlos liberado. Este pueblo …
La fe en acción, el ejemplo de Josué
“Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.” Josué 1:6 Josué había sido escogido por Dios como sucesor de Moisés para guiar al pueblo hacia la promesa y establecerlo donde “la tierra fluye leche y miel.” Sin …
La fe en acción, el ejemplo de Josafat
“y dijo [Josafat]: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista?” 1 Crónicas 20:6 El rey Josafat acababa de enterarse de que “una gran multitud del …
La fe en acción, el ejemplo de Abraham
“Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara).” Romanos 4:19 Abraham tenía cerca de cien años y su esposa Sara era estéril. El cuerpo de este hombre estaba “ya como muerto” e imagino que …
La fe en acción, el ejemplo de Pedro
“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.” Mateo 14:28-29 No sé si alguna vez has tratado de bajarte de un pequeño bote amarrado a un …
La fe en acción, el ejemplo de Caleb
“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.” Josué 14:11 Cuando dijo estas palabras, Caleb tenía ochenta y cinco años (verso 10) y había acompañado durante cuarenta y cinco al pueblo de Israel, …
La fe en acción, el ejemplo de David
“Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.” 1 Samuel 17:32 David vio al mismo gigante (Goliat) que vieron todos y oyó “las mismas palabras” que oyeron todos (Verso 23), pero captó una oportunidad donde todo un ejército y su …
La fe que fructifica
“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?” Mateo 11:2-3
Juan, llamado el Bautista porque bautizaba en el Jordán, fue quien reconoció a Jesús llamándole el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:28), también quién vio al Espíritu Santo descender sobre Jesús en forma de paloma (Juan 1:32) y además quien dijo del Maestro: “… yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.” (Juan 1:33) ¿Cómo ahora manda a sus discípulos a preguntarle a Jesús si era Él el que vendría o debían esperar a otro? ¿Qué cambió, qué pasó? ¿Cambio algo en Jesús? No, en absoluto, pero en Juan si. Ahora él estaba en la cárcel, estaba preso y generalmente en las crisis, en medio de la prueba, de la enfermedad, de la deuda, las mismas circunstancias pueden verse muy diferentes… Se llama la zona de crecimiento.
Pero la Biblia dice que tengamos a Dios como “segura y firme ancla del alma” (Hebreos 6:19), de modo que aunque haya tormenta en la superficie y todo se tambalee, y nos mareemos y perdamos la ubicación, Él no cambia porque está anclado, inmóvil, y es indestructible. Él no cede, no se descuida, no se resbala ni duerme. Debemos desarrollar una fe a prueba de circunstancias porque “las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:19b). Necesitamos, a través del Espíritu Santo, entrenar a nuestra mente y corazón para palpar la Palabra con mayor convicción que a nuestros propios huesos, para poner la voz de Dios antes que la del mundo, para seguir creyendo cuando nadie más cree, para perseverar cuando la lógica te grita que renuncies. Juan no podía ver lo que ocurría desde la cárcel, cómo tú y yo no podemos ver lo que sucede en los Cielos mientras oramos. Por eso Jesús les dijo simplemente que le contaran lo que ellos veían y oían, el fruto de su esfuerzo:
“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio;” Mateo 11:5
El segundo Mandamiento
“No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.” Deuteronomio 5:8
Los mandamientos son advertencias, no amenazas. Cuando le ordenas a tu hijo que no juegue con su pelota en la acera de esa calle transitada, no lo haces para quitarle el placer de jugar sino para protegerlo y probablemente salvar su vida. Cuando instruyes al adolescente a que no beba o lo haga con muchísima moderación, no lo estás reprimiendo, lo estás protegiendo y evitándole una potencial adicción. Dios te ama tanto que no solo te creó sino que además te compró. Debemos ver los mandamientos libres de las rigideces religiosas que ven castigo y condenación en todas partes. Todo buen padre les da mandamientos a sus hijos, no para satisfacer el ego del primero sino para el bien de los segundos.
Después de la caída espiritual del ser humano en el Jardín del Edén, vino la muerte espiritual y perdimos la comunión con Dios, por eso ahora solo lo natural nos es tangible y percibido como real. Debido a esto es común que el ser humano busque representar a Dios de una manera visible, para palparlo físicamente y concebir aquello que es etéreo e invisible, pero cuando te haces una imagen de Dios, no lo ofendes sino lo limitas. La orden del versículo continúa: “No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,…” (Verso 9). No se trata de que Dios sienta inseguridad y necesite controlarnos o dominarnos para sentirse tranquilo. Se refiere a Su anhelo desesperado de bendecirnos y de cuidarnos. Dios sabe que solo Él nos puede sacar adelante, que solo Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6) y que sin Él estamos perdidos y nada podemos hacer (Juan 15:5). Su celo viene cuando la preciosa vida que nos entregó está bajo amenaza de destrucción por nuestra ignorancia y no Le permitimos actuar para ayudarnos. No limites a Dios, no te hagas una imagen de Él porque Él es mayor, mejor, superior. No te hagas figuras mentales de Dios, mejor conócelo, abre las cortinas y deja que Su luz te alumbre:
“¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” Santiago 4:5
El tercer Mandamiento
“No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque Jehová no dará por inocente al que tome su nombre en vano.” Deuteronomio 5:11
El tercer mandamiento según la Biblia (segundo según otros textos) se ha resumido tradicionalmente como “no jurarás” pero es mucho más que eso. A lo largo de la Biblia, el nombre (shema en hebreo) representa la fama y la reputación del personaje. Aún en nuestros tiempos es común escuchar a alguien mencionar cuánto le costó hacerse de un “nombre,” es decir alcanzar reconocimiento. Por otro lado la palabra shav (vano) también se traduce como inútil y “de forma hipócrita.” Muchos pensamos que creemos en Dios pero al momento de afrontar retos y dificultades, quebrantamos esta orden de Dios porque Él viene a ser nuestra última opción, alguien a quien solo acudimos cuando todo lo demás falló. Pero eso no nos conviene porque Dios es la mejor ayuda en todo tiempo así que, ese mismo Dios que tanto nos ama, nos ordena: “no tomar Su reputación como algo inútil.” Y eso para nuestro bien.
Él es Dios, Él es poderoso, “si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). La única forma de cumplir este tercer mandamiento es creyéndole a Dios, tomando Su nombre como poderoso, útil, efectivo, capaz, eficaz. En Su Nombre hay poder “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra,…” (Efesios 1:21) Por eso la oración dominical dice: “santificado sea tu nombre” (Mateo 6:9b). Debemos honrar y exaltar Su nombre, fama y reputación, admirando Su autoridad y carácter. Debemos alabar Su nombre porque representa victoria, poder, señorío, autoridad. Él es digno, y además quiere y puede ayudarte, restaurarte, prosperarte, levantarte pero, ¿cómo alguien a quien consideras falso e inútil puede influir positivamente en tu vida? ¿Cómo puedes obtener algo verdaderamente valioso de aquel en quien crees de manera hipócrita? No se te dará por inocente, es decir, te perderás Sus bendiciones porque indirectamente lo niegas pero, si lo recibes, si crees en Su nombre:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;” Juan 1:12
Un espíritu diferente – parte 3
“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” Números 14:24
El impacto de “ir en pos de Dios,” de buscarlo, de querer conocerlo, obedecerlo y seguirlo, no termina con tu vida sino que se extiende hasta toda tu descendencia. Todo aquello por lo que te atrevas a soñar, a creer y si, a pelear, será también parte de tu legado para ellos. Si te atreves a entrar en la tierra que Dios te promete, si dejas que Él pelee y te guíe a pelear con tus gigantes, y arrebatas así tus bendiciones: “tu descendencia las tendrá en posesión.” Ellos no tendrán que pelear de nuevo tus batallas; aquello por lo que peleaste y venciste será tuyo, y de ellos. Tú lo recibes de Dios pero ellos lo reciben de ti; así funcionan las bendiciones generacionales bíblicas.
Acá leemos que la descendencia de Caleb recibiría en posesión su parte de la Tierra Prometida (el monte Hebrón, Josué 14:13), pero la clave del verso y de toda la narración es que él obtuvo todo eso por su carácter y fidelidad a Dios, por su espíritu diferente. De hecho, cuando Caleb pidió nuevamente y recibió Hebrón cuarenta años después, aún estaban allí los gigantes. Si quieres bendiciones para ti, para tu familia y tu descendencia, tendrás que pelear, tendrás que atreverte a entrar, para que Dios te meta en esa tierra, a ti y a los tuyos. No basta con desearlo y soñarlo, necesitas tener el espíritu de Caleb para atreverte. Cree y persiste, sueña los sueños de Dios y Él te meterá en Su bendición. ¡Levántate y pelea! Día a día, en todo tiempo porque, después de tu entrada, después de tus batallas y aflicciones, los tuyos entrarán en paz. Esa fue la razón por la cual Caleb, a los ochenta y cinco años de edad esperaba aún el cumplimiento de su promesa, dispuesto a pelear para tomar lo que Dios le había prometido a él y que heredarían sus hijos. Por eso le dijo a Josué quien repartía las tierras a las doce tribus de Israel:
“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho.” Josué 14:12
Un espíritu diferente – parte 2
“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” Números 14:24
Como Caleb tenía “otro espíritu” (de valor, de esfuerzo, de perseverancia, soñador) Dios dice que “lo meterá en la tierra donde entró” pero, ¿cómo es eso?, ¿cómo te pueden meter donde ya entraste? Moisés envió a estos doce espías a reconocer la tierra (verso 13:17). La palabra re-conocer significa identificar lo que ya conoces. Si bien Caleb nunca había estado antes en esas tierras, él tenía una promesa y la había meditado, imaginado, soñado y luego, una vez que la vio, tuvo el valor para reclamarla, ¿cómo? Caleb “decidió ir en pos de Dios” y no en pos de si mismo, ni de sus limitaciones ni capacidades.
Parece que los otros diez príncipes habían escuchado el qué de la promesa pero no el cómo, mientras solo Josué y Caleb habían escuchado bien. Dios les había prometido y jurado una tierra que manaba leche y miel (Éxodo 3:8, Levítico 20:24, Deuteronomio 11:9) pero Él nunca dijo que no hubiese adversarios: “…cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del heveo y del jebuseo, la cual juró a tus padres que te daría, tierra que destila leche y miel,…” (Éxodo 13:4). Dios te ha prometido y jurado bendiciones pero tú tienes que entrar en la tierra avanzando en pos de Dios. Tienes que reconocer tu sueño y dejar que Él sea quien te meta, solo así podrás vencer todos tus gigantes. A veces queremos esa promoción, ese ministerio, esa pareja, esa casa y, al momento de dar el primer paso, nos asustamos, no entramos. Otras veces, a la primera dificultad, decimos: “esto no es de Dios” pero acá vemos que mientras mayor el sueño, mayor la oposición. Por lo tanto: 1) “Ve en pos de Dios” (sueña), 2) reconoce la tierra (asegúrate que es Su voluntad para ti) y 3) entra, dejándole espacio a Él para que sea Él quien te meta. Tú puedes avanzar pero necesitas tener ese espíritu de Caleb, de Josué, de Jesús; si no te perderás hasta aquello que Dios te juró:
“Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.” Números 14:30
Un espíritu diferente – parte 1
“Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.” Números 14:24
Caleb, junto a Josué y otros diez príncipes de Israel, había espiado la Tierra Prometida. Al regreso, a pesar de que sus enemigos eran físicamente gigantes, los dos primeros trajeron un reporte lleno de fe y optimismo, diciendo: “no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis” (verso 9), pero desafortunadamente los otros diez príncipes ya habían hecho “… desfallecer el corazón del pueblo” (Josué 14:8), diciendo que sería imposible. “Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!” (Versos 1-2) No es una buena costumbre hablar así porque podemos obtener lo que declaramos…
Dios se agradó de Caleb “por cuanto hubo en él otro espíritu.” La amenaza era grande pero la oportunidad mayor. ¿Qué dejaban atrás? ¿El paraíso? ¡No, la esclavitud! pero el pánico de avanzar les hacía ver como grata la pesadilla de la que Dios los liberaba. Así opera el miedo, nos empuja irracionalmente hacia donde estábamos, fascinados con la ilusión de que no movernos será más seguro que avanzar pero, ¿deja de girar la tierra cuando te encierras en tu cueva? El temor es como el cangrejo y no hay nada más peligroso que caminar en reversa porque nuestros ojos apuntan al frente al igual que nuestros pies. !Fuimos creados para avanzar! Del mismo modo que las piernas son para caminar y los escalones para subirse, nuestras pruebas tienen un único fin: superarse. Y Dios las hace a nuestra medida. Pablo dice que no hemos recibido espíritu de esclavitud para estar en temor (Romanos 8:15) así que necesitamos renovar nuestro espíritu, y que esa mentalidad de Caleb saque de nuestra alma toda atadura de esclavitud y fracaso, de temor y parálisis. Necesitamos creer por más, vivir por más, esforzarnos más; hay salida, hay solución pero solo para quien que osa buscarla.
Efesios 4:23 “y renovaos en el espíritu de vuestra mente.”

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